Alsina descubre los secretos del maquillaje en Atresmedia: madrugones, brillos y "milagros" antes de salir en televisión
Las maquilladoras de Atresmedia cuentan a Carlos Alsina cómo es su trabajo entre madrugones, prisas, retoques de última hora y conversaciones con presentadores, colaboradores e invitados.
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Madrid |
Hay una habitación por la que pasan cada mañana algunos de los rostros más conocidos de la televisión, pero que rara vez aparece ante las cámaras. Allí no se habla de audiencias ni de escaletas, aunque el reloj también corre. Es la sala de maquillaje de Atresmedia, el lugar donde empieza buena parte de la jornada de quienes después aparecen en pantalla.
Carlos Alsina entró con Más de uno en directo en este espacio para conocer a las profesionales que consiguen que presentadores, colaboradores e invitados estén preparados antes de enfrentarse a las cámaras.
La visita descubrió una rutina marcada por los horarios extremos. Isabel, una de las maquilladoras, explicó que actualmente entra a trabajar a las cinco de la mañana y se levanta a las 03:30. El horario se extiende durante buena parte de la jornada, ya que la sala funciona desde primera hora de los programas matinales hasta la noche. "Desde las cinco que empezamos con el matinal [...] hasta las 22:00 de la noche", explicó.
La jornada comienza antes incluso de que llegue el primer rostro televisivo. Las profesionales montan sus tocadores y preparan todo el instrumental que van a utilizar. Parte de las herramientas se comparte, pero cada maquilladora también guarda sus propios recursos y sus pequeños secretos profesionales. Entre ellas, además, reconocen que pueden identificar quién ha maquillado a cada persona por el estilo y el toque personal de cada profesional.
Una profesión que se aprende trabajando
La formación empieza en una academia, pero las protagonistas del reportaje coinciden en que el verdadero aprendizaje llega después. Belén, que lleva entre ocho y nueve años trabajando en maquillaje, explicó que al salir de la academia comienza otra etapa: "La vida aquí dentro es otro mundo".
La técnica es solo una parte del oficio. También resulta fundamental saber tratar con las personas y adaptarse a cada una de ellas. Las maquilladoras aseguran que ejercen, en cierta medida, de psicólogas: tienen que saber si quien se sienta delante quiere conversar o prefiere permanecer en silencio y deben ajustar su manera de trabajar a cada personalidad.
La experiencia también permite afrontar situaciones tan particulares como maquillar a alguien que se queda dormido. En el reportaje Isabel recuerda el caso de Massiel, que llegó a dormirse profundamente durante el proceso, y explican cómo tuvieron que despertarla cuando terminaron.
El maquillaje televisivo no es solo cuestión de estética
Uno de los conceptos que más aparece durante la conversación es el de los brillos. Las luces del plató hacen que cualquier reflejo sobre la piel se multiplique y pueda dar la sensación de que una persona está sudando. Por eso, las maquilladoras realizan retoques incluso después de que el presentador haya llegado al plató.
La alta definición, además, ha aumentado las exigencias del trabajo. Una de las profesionales reconoce que la evolución de las pantallas ha hecho que su tarea sea "muy difícil". Lo que antes podía quedar disimulado por la tecnología de los antiguos televisores ahora resulta mucho más visible.
Ese trabajo continúa durante el directo. Susana Griso, por ejemplo, recibe uno de esos retoques mientras conversa con Alsina. La presentadora bromea con que siempre tiene problemas con los brillos y reconoce que siente mucho calor durante el programa. Isabel lleva años trabajando con ella mantiene una relación que va mucho más allá de la estrictamente profesional.
Griso explica que ella la conoce hasta el punto de saber si ha dormido bien, si llega agobiada o si tiene un día especialmente cargado de entrevistas. "Me conoce más que nadie", asegura, y destaca que incluso cuando solo dispone de diez minutos el resultado sigue siendo bueno.
Ocho minutos para maquillaje y peluquería
La televisión obliga a trabajar contra el reloj. La propia Susana Griso cuenta que, cuando tiene que presentar un informativo, baja a maquillaje poco antes de empezar porque su prioridad es preparar el guion y revisar las últimas noticias. En ocasiones, el tiempo disponible se reduce a unos pocos minutos.
Las maquilladoras han llegado a completar auténticos ejercicios de precisión. En el reportaje se recuerda un caso en el que se consiguió hacer maquillaje y peluquería, incluido el lavado de cabeza, en apenas ocho minutos. La presión forma parte de la rutina y, paradójicamente, algunas de ellas aseguran que trabajan incluso mejor cuando el tiempo aprieta.
También existe una planificación detrás de cada turno. Si dos personas coinciden y solo queda un puesto disponible, el equipo busca alternativas y organiza el orden para que nadie llegue tarde a su programa. Cuando un tertuliano participa en varios espacios a lo largo del día, puede regresar a la sala para un pequeño retoque, especialmente para eliminar los brillos.
"Aquí somos un poco psicólogas"
La sala de maquillaje se convierte además en un espacio de confianza. Por allí pasan diariamente presentadores, tertulianos e invitados, y las profesionales terminan conociendo sus rutinas y sus estados de ánimo. Isabel explica que con quienes acuden todos los días se establece una relación casi familiar.
Las conversaciones tampoco se limitan a la actualidad. Mientras maquillan a los tertulianos, las profesionales hablan de asuntos personales y de cuestiones que habían quedado pendientes de conversaciones anteriores. "En política no hablamos", explica una de ellas, que cuenta que esos momentos sirven para hablar de sus vidas más allá del trabajo.
Y hay incluso espacio para las bromas. Natalia define a uno de los tertulianos como "coqueto", aunque sencillo de maquillar porque confía en su criterio y le deja hacer. La relación se construye así a base de años de trabajo y de conocer las preferencias de cada persona.
Las maquilladoras también madrugan para dar ejemplo
El madrugón no afecta solo a quienes se sientan en sus sillones. Las propias maquilladoras tienen que prepararse antes de comenzar a trabajar. Natalia que no puede presentarse ante sus clientes con mala cara y después pedirles que confíen en su trabajo.
"Yo también he conseguido que me vean mejor cara", afirma. Por eso considera importante que los presentadores comprueben que ella también se ha preparado pese al sueño. Su filosofía resume buena parte del oficio: "yo madrugo igual que tú o más y te voy a dejar igual o mejor".
De Antena 3 a la actualidad: una maquilladora que lleva 37 años en Atresmedia
La experiencia tiene un peso especial en esta sala. Isabel cuenta que firmó su contrato justo antes de que comenzaran las emisiones de Antena 3. Desde entonces ha visto pasar por sus manos a numerosas figuras de la televisión y la radio.
Su trayectoria le permite recordar los primeros años del grupo y a profesionales que formaron parte de aquella televisión. Cuando Alsina destaca que lleva 37 años en Atresmedia, ella responde con humor: "Más antigua que el logo. Llevo aquí toda la vida".
Por sus manos también han pasado rostros políticos. Durante el directo, Alsina observa que el alcalde de Madrid ha acudido a maquillarse y pregunta por Pedro Sánchez. La profesional confirma que ha maquillado en varias ocasiones al presidente del Gobierno cuando todavía no era el jefe del Ejecutivo, pero que desde entonces siempre viene maquillado de casa.
Un trabajo invisible que sostiene la televisión
Al final del recorrido, las maquilladoras resumen su día a día con una mezcla de oficio, rapidez y compañerismo. También reconocen que conocen de antemano a quienes pueden resultar más exigentes y saben cómo anticiparse a sus preferencias.
La jornada incluye pequeños descansos de apenas 15 o 20 minutos, que aprovechan para desayunar y conversar entre ellas. Cuando Alsina pregunta si, en general, las personas que pasan por la sala son tratables, la respuesta es afirmativa, aunque las profesionales admiten que ya saben quién puede "tocar más las narices" y se anticipan a sus demandas.
La visita de Alsina pone así el foco sobre un trabajo que normalmente permanece fuera de plano. Antes de cada informativo, tertulia o programa, hay una cadena de profesionales que prepara cada detalle para que los rostros que aparecen en pantalla estén listos. Ellas trabajan cuando todavía es de noche, corren cuando el directo aprieta y vuelven al plató cuando aparece un brillo. La televisión empieza mucho antes de que se encienda la cámara.