Torres Blancas, el edificio que marcó una generación: la confesión de Luis Alemany en La Brújula
El periodista presenta junto a Rafa Latorre 'Angie de las Torres Blancas', una novela nacida de un reportaje sobre el icónico edificio madrileño y de una reflexión íntima sobre el desclasamiento, la memoria y el fin de la inocencia en el Madrid de los
En una conversación marcada por la cercanía y por el tono confesional, Luis Alemany explicó cómo un encargo periodístico acabó convirtiéndose en una novela sobre Torres Blancas, un edificio que, según su relato, condensa las ilusiones y contradicciones de una época. El escritor defendió que la historia no solo mira a una arquitectura singular, sino también a una ciudad dura, cambiante y atravesada por el desencanto.
El origen de la novela
Alemany contó que el germen del libro estuvo en un reportaje sobre un piso restaurado en Torres Blancas, una visita que le permitió hablar con Javier Sáenz de Oiza, hijo del arquitecto, y reconstruir el tipo de vida que albergaba el edificio. A partir de ahí, el periodista encontró el material emocional y narrativo para una novela que se mueve entre la memoria personal y la crónica generacional.
El autor explicó que aquellas viviendas estaban ocupadas por una clase media o burguesía de los años 60, con un aire cosmopolita y ordenado, pero también con una cierta expectativa de modernidad que acabó chocando con la realidad urbana de los 90. Según su visión, Torres Blancas no fue solo una obra arquitectónica, sino un espejo de aspiraciones que no siempre encontraron continuidad.
Un edificio difícil de habitar
Durante la entrevista, Alemany subrayó que "es difícil habitar una obra de arte", una idea que usó para describir la complejidad de vivir en un edificio de líneas curvas, espacios singulares y soluciones constructivas poco convencionales. El autor relató incluso el problema del ascensor compartido entre vecinos y clientes del restaurante del ático, una circunstancia que, según dijo, convirtió el portal en una especie de entrada de club.
Ese detalle le sirvió para sostener una lectura más amplia: el edificio fue perdiendo parte de su primera comunidad, sustituida por otros perfiles menos identificados con su espíritu original. En su relato, esa transformación resume un proceso de deterioro, desajuste y cambio de ciclo.
Madrid, los 90 y el desclasamiento
Alemany insistió en que la novela no quiere ser un museo de nostalgia, aunque sí retrata un Madrid áspero, lleno de contrastes y con una vida urbana mucho más dura de lo que a veces se recuerda. Habló de la Movida, de Rock-Ola y de una ciudad donde la violencia, la precariedad y el desencanto formaban parte del paisaje cotidiano.
También reconoció que el tema del desclasamiento atraviesa su obra y su mirada personal, al punto de describir Torres Blancas como una historia de desclasamiento colectivo. En la entrevista, el escritor admitió que ese desplazamiento social y emocional conecta con una sensación de desarraigo que le resulta muy cercana.
La mirada de Alemany
Rafa Latorre condujo la conversación desde la arquitectura hasta la biografía, pasando por la cultura popular, el brutalismo y la manera en que cambian nuestras percepciones con el tiempo. Alemany respondió con ironía y con una autocrítica constante, reconociendo que hablar de una primera novela le llevaba inevitablemente a revelar aspectos íntimos de sí mismo.
El escritor también defendió que su libro no busca solo reconstruir un decorado, sino generar atmósfera a través de nombres, referencias y topónimos que sitúan al lector en una época concreta. Para él, los detalles culturales funcionan como una llave emocional, aunque sin caer en la mera nostalgia.