Desaparecer no es tan fácil: la advertencia en La Brújula de un criminólogo sobre los fugitivos
Antonio Cela, experto criminólogo y ex Policía Nacional, explicó en La Brújula que la fuga ante la justicia es más habitual de lo que parece, que la localización policial supera con frecuencia el 80% y que hoy escapar deja al fugitivo en una "pena añadida": vivir siempre mirando hacia atrás.
La desaparición de un acusado en un caso grave reabrió en La Brújula el debate sobre la facilidad con la que alguien puede intentar borrarse del mapa tras eludir a la justicia. Rafa Latorre abordó la cuestión con Antonio Cela, criminólogo y antiguo miembro de la Policía Nacional especializado en búsqueda y localización de personas con interés judicial y policial.
Cela sostuvo que no se trata de un fenómeno excepcional, sino de una práctica “mucho más frecuente de lo que la gente se piensa”. Según explicó, cada día trabajan unidades policiales dedicadas a localizar fugitivos, personas citadas judicialmente y condenados que intentan evitar el ingreso en prisión.
La fuga, más común
El criminólogo describió este tipo de ausencias como parte del trabajo cotidiano de los equipos especializados. Recordó que el sistema incorpora tanto a quien no comparece ante un juicio como a testigos o personas con relevancia en un procedimiento, aunque no sean necesariamente imputados o condenados.
Además, afirmó que la eficacia policial es alta: “por encima del 80%” en las localizaciones inmediatas, aunque insistió en que una persona buscada no desaparece del sistema. En su explicación, eso significa que en cualquier momento puede ser detectada, detenida y puesta a disposición judicial.
La ventaja de la tecnología
Latorre le planteó que hoy la geolocalización, los teléfonos móviles y las cámaras complican mucho más la huida. Cela coincidió y señaló que esa red tecnológica facilita la vida diaria, pero también supone un obstáculo importante para quien intenta huir.
El experto subrayó que el fugitivo se ve obligado a alejarse de los hábitos normales: usar tarjeta, teléfono con titularidad, alojarse en hoteles o viajar con cierta normalidad. Esa ruptura con la vida cotidiana, dijo, convierte la fuga en una especie de castigo extra.
El peso del arraigo
El criminólogo vinculó la facilidad para evadirse con el entorno del sospechoso. Explicó que no es lo mismo moverse en un ambiente criminal con redes de cobertura que ser un ciudadano sin contactos ni protección.
También relacionó esta idea con el concepto de arraigo, que suele influir en decisiones como la prisión provisional. Para Cela, quien tiene familia, trabajo y responsabilidades diarias lo tiene “infinitamente más difícil” para ocultarse o salir adelante en clandestinidad.
Prescripción y estrategia
En su intervención, Cela señaló que algunos condenados aprovechan la comunicación de la pena para no presentarse y tratar de ganar tiempo. Ese margen, dijo, puede buscar que transcurra el plazo necesario para beneficiarse de la prescripción del delito.
También insistió en que la búsqueda no se interrumpe nunca: una persona requerida queda incorporada al sistema de buscados y puede ser localizada mucho después, incluso en otro contexto o país.
Cooperación internacional
Sobre quienes logran salir de España, el criminólogo destacó la importancia de la colaboración internacional. Afirmó que la Policía Nacional cuenta con una unidad especializada integrada en una red exterior que permite rastrear fugitivos en Reino Unido, Oriente Próximo, Centroamérica o Estados Unidos.
Esa cooperación, resumió, es clave para tener “ojos, oídos y brazos” fuera de nuestras fronteras. Según dijo, también funciona en sentido inverso, porque España coopera en la localización de personas reclamadas por autoridades extranjeras.
Casos que marcan
Preguntado por los fugados más conocidos, Cela citó a Antonio Anglés como el “paradigma del fugitivo” y recordó también el caso de un criminal cuyo paradero sigue sin conocerse tras evadirse de un hospital de Burgos.
El experto mencionó igualmente el caso de Carvajal como una de las operaciones más mediáticas y mejor resueltas por la unidad de fugitivos. Y cerró con un mensaje de fondo: la Policía, dijo, “siempre trabaja” y nunca abandona una investigación.