Marta García Aller, sobre la promesa de Sánchez de recuperar la confianza en la alta velocidad: "De momento, ni un cese le ha costado"
Marta García Aller pone el foco en la pérdida de confianza en el Gobierno tras el accidente ferroviario en Urda y cuestiona la gestión de las infraestructuras y las promesas de Sánchez para recuperar la seguridad en la alta velocidad.
Déjame que te cuente lo que es la confianza. Según Platón, la confianza no es un sentimiento ciego, que depende del conocimiento, la justicia y la verdad. La confianza es importante. Y puede que se convierta en la clave de esta campaña electoral. Podríamos definir la confianza como la posibilidad de vivir sin miedo. La confianza es invisible, pero sostiene todo: las familias, las comunidades, las empresas y las instituciones.
Sin confianza no hay democracia, porque la democracia se basa en creer que los demás respetan las reglas, que la palabra vale y que las instituciones cumplen lo que prometen. La confianza es estar tranquilos en la calle por la noche, poder hacer negocios con extraños, dejar a los niños en el colegio y subirse a un tren sin pensar si llegarás.
Sánchez promete recuperar la confianza en la alta velocidad, pero mantiene a Óscar Puente
El presidente Sánchez ha insistido mucho hoy en lo importante que es recuperar la confianza en la alta velocidad cueste lo que cueste. ¿Cueste lo que cueste? De momento, ni un cese le ha costado. Sánchez sigue confiando la gestión de las infraestructuras en España al ministro Óscar Puente, que para valorar cuánta confianza inspira podemos recordar estas palabras suyas:
El viernes, el todavía ministro Óscar Puente, reconocía que estaban valorando suspender la circulación entre Madrid y Barcelona mientras duren las obras de renovación. Algo que no hicieron en el tramo de Madrid-Andalucía donde se han producido los dos accidentes de Adamuz y Urda en menos de un año.
¿Y qué decía Óscar Puente hace justo un año, solo un año, en noviembre del 25? Hace solo un año, antes del accidente de Adamuz, Óscar Puente presumía de que iban a aumentar la velocidad de la línea Madrid-Barcelona a 300 km/h. Hasta regaló un pin conmemorativo para celebrarlo a los miembros del Consejo de Ministros. Ese Consejo de Ministros que ha tenido en sus manos en los últimos años aumentar la inversión en el mantenimiento de infraestructuras y no lo ha hecho.
España ha preferido estrenar kilómetros de alta velocidad antes que cuidar las vías
Hoy, sin embargo, el presidente Sánchez insistía en lo importante que es invertir en lo público. Es curioso hablar de la importancia de invertir en lo público como si le fuera algo ajeno, ajeno a la gestión de quien ha gobernado España los últimos ocho años. Como si el deterioro de lo público no fuera responsabilidad de quien gobierna. Como si la infraestructura ferroviaria no dependiera de lo público.
A diferencia de la educación y la sanidad, que tienen buena parte de su gestión transferida a las comunidades, el mantenimiento de esta infraestructura es cosa del Gobierno de Sánchez.
Y siendo Sánchez presidente, España ha multiplicado su tráfico mientras la conservación de las infraestructuras quedaba en un segundo plano: España ha preferido estrenar kilómetros de alta velocidad antes que cuidar las vías y los sistemas tecnológicos que controlan los trenes. Y España destina mucho menos que otros países europeos a cuidar su red ferroviaria. Es decir, a cuidar lo público.
"¿Cómo confiar en ellos ahora que dicen lo mismo, después de que se haya repetido?"
¿Qué confianza podemos tener en quienes hace un año querían aumentar la velocidad a la que circulan los trenes, pero no estaban invirtiendo suficiente en su mantenimiento? ¿Cómo va a recuperar la confianza en la alta velocidad quienes hace diez meses , tras el accidente de Adamuz, dijeron que pondrían todos los medios para que un accidente así no se volviera a repetir? ¿Cómo confiar en ellos ahora que dicen lo mismo, después de que se haya repetido?
La confianza se basa en creer la palabra del otro, que lo que el otro dice o hace o dice que va a hacer. Y la confianza, ya lo decía Platón, no es un sentimiento ciego.