Martín Perea, director del Máster en Energías Renovables de la Universidad Europea e ingeniero de caminos especializado en transportes, analiza en La Brújula las principales hipótesis abiertas tras el fatídico accidente en Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero.
"En estos momentos se están recopilando todos los indicios y las muescas en las ruedas podrían ser compatibles con una discontinuidad en la vía. No se sabe de qué magnitud, pero de momento todo son especulaciones", insiste Perea. "Esa es una de las posibles vías de la investigación".
Respecto a la llamada del maquinista de Iryo en la que no es consciente del choque con el Alvia, admite que "es bastante confuso". Según apunta, "el impacto tuvo que ser bestial, por lo que resulta un poco sorprendente de que no fuera consciente de que chocó con un tren". Así las cosas, "se plantean unos interrogantes acerca del momento exacto en el que se produjo la colisión", aunque insiste en que "en este momento no estamos seguros de nada".
Sobre las imágenes que han visto la luz de vibraciones reportadas por los propios viajeros, Perea señala que "son preocupantes y se deberían de haber tomado medidas". "De la noche a la mañana se rebaja la velocidad en un tramo de considerable longitud, parece como si pensaran que ha habido una relación de causa-efecto clara", afirma. Aunque vuelve a repetir que "no quiere decir que esas vibraciones, que son intolerables, hayan sido la causa del siniestro". Aun así, "resulta bastante chocante y desde el punto de vista del confort del pasajero es inasumible".