Ciencia en la Antigüedad: la física de los estoicos y los epicúreos
Alberto Aparici reflexionar en La Brújula acerca de la filosofía natural de los estoicos y epicúreos y de cómo sus preceptos están ligados a su visión de la naturaleza.
Los estoicos y los epicúreos son dos escuelas filosóficas que provienen de Grecia y que aparecen en los años posteriores a Alejandro Magno, cuando el pensamiento griego se extiende por medio mundo. Si hubiese que definirlos con un titular, se podría decir que los epicúreos piensan que el bien supremo es el placer -pero no un placer instantáneo, sino una especie de "promedio a lo largo de la vida"-, mientras que los estoicos ponen el foco en la virtud, la sabiduría y en saber aceptar nuestro destino.
Nuestro recuerdo de ellos viene a través del mundo romano, que puso mucho énfasis en la parte ética de su pensamiento. Nos introducimos en su ciencia a través de una cita el emperador romano Marco Aurelio que dice: "Todo mi ser se reduce a esto: algo de carne, el aliento vital, la facultad rectora".
Es un pasaje muy famoso de sus Meditaciones en el que intenta convencer de que la racionalidad es la parte más importante de nuestro ser. Pero interesa porque es una afirmación muy rotunda sobre de qué estamos hechos: carne, aliento y las leyes que los rigen. Esto es una de las pocas cosas que tienen en común las dos escuelas. Estoicos y epicúreos son ambos materialistas, y en eso se parecen a la ciencia moderna: creen que todos los fenómenos, incluido el ser humano, se pueden explicar por cosas que le pasa a la materia. Creen, por tanto, en el mundo físico y en que podemos explorarlo mediante los sentidos.
En los detalles, las dos escuelas ya no estarían de acuerdo. Los epicúreos eran atomistas estrictos: creían que el mundo estaba compuesto por átomos que se movían en el vacío. Nada más. Los átomos chocan unos con otros, a veces forman agregados -como nuestra carne-, y todo el misterio está en que somos conglomerados muy complicados de átomos de tipos diferentes y que eso nos hace muy difíciles de entender. No están tan lejos de la biología moderna.
Yendo ya a la facultad rectora, un epicúreo diría que los humanos podemos razonar gracias a los movimientos muy complicados de los átomos en nuestro interior. Seguramente los epicúreos sean los más extremos en su "confianza en la materia". Ven a los seres vivos, como ordenadores muy complicados y nada más.
Los estoicos también creen en un mundo únicamente formado por materia, pero ven en el orden de ese mundo algo extraordinario. Ven el orden de los cielos, el crecimiento de los animales y las plantas, los fenómenos meteorológicos y en ese orden ven algo a lo que pueden llamar "dios". No un dios con barba y que está atento a lo que los humanos hacen, sino un orden que es el orden. Se podría decir que su dios son las leyes de la física, o incluso el universo entero.