Praga |
Aunque Franz Kafka apenas menciona Praga de forma explícita en sus novelas, la ciudad está llena de rincones que recuerdan al escritor. Sandra Martín explica que el ambiente que transmiten algunas de sus obras sí permite reconocer lugares emblemáticos, como el Castillo de Praga, que inspira la novela El Castillo, o el puente de Carlos, uno de los grandes símbolos de la ciudad.
Uno de los homenajes más llamativos es la escultura "La cabeza giratoria de Kafka", obra de David Černý. La pieza mide once metros de altura y está formada por 42 láminas de acero que giran de forma independiente, reconstruyendo y descomponiendo el rostro del escritor cada hora en punto.
Otro de los puntos imprescindibles es la plaza de la Ciudad Vieja, donde se encuentra el famoso reloj astronómico del Ayuntamiento. Cada hora, decenas de visitantes esperan la aparición de los apóstoles en una breve representación.
Muy cerca se encuentra la Casa Minuto, donde Kafka vivió con su familia. Desde la torre del Ayuntamiento también es posible contemplar una panorámica de la ciudad, con el río Moldava rodeando la Ciudad Vieja y el Castillo dominando la colina de la orilla opuesta.
La ruta continúa por el barrio judío, muy diferente de las juderías medievales españolas. Sandra Martín destaca sus amplias avenidas y edificios modernistas, además del conjunto formado por cuatro sinagogas y el antiguo cementerio judío, donde se conservan unas 12.000 lápidas.
Frente a la Sinagoga Española se encuentra otra escultura dedicada a Kafka, que representa al escritor sobre los hombros de un gigante sin cabeza, inspirada en su primera obra.
Al cruzar el Moldava se llega al barrio de Mala Strana, donde se encuentra el Museo de Kafka. El espacio reúne fotografías, cartas personales y primeras ediciones de sus libros, acercando al visitante a la vida del escritor y a la Praga de la época del Imperio austrohúngaro.
Desde Mala Strana comienza la subida al Castillo de Praga por la conocida Escalera del Castillo. El recinto reúne el antiguo Palacio Real, la catedral gótica de San Vito, una basílica, jardines y el famoso Callejón del Oro. En una de sus pequeñas casas vivió Franz Kafka durante un tiempo y allí escribió varias de sus obras.
Para terminar la jornada, Sandra Martín propone subir a la colina de Petřín en funicular y despedir el día con una de las vistas más conocidas de la capital checa.