Enrique Domínguez Uceta destaca la importancia de la alimentación en los antiguos monasterios riojanos: “los preciosos monasterios riojanos eran grandes centros agrícolas, ganaderos y gastronómicos”. Las cocinas, bodegas y despensas eran elementos fundamentales, y su influencia se extendía también a las casas tradicionales: “la salud dependía de la buena alimentación, y cuando la tierra es generosa y se sabe aprovechar, la buena alimentación es la mejor medicina”.
La tradición gastronómica sigue viva, y La Rioja hoy cuenta con varios restaurantes galardonados. “Lo más extraordinario para mí es la altísima calidad media de la mayoría de los restaurantes en La Rioja”, afirma Domínguez Uceta. Destacan El Portal de Echaurren y Venta Moncalvillo, ambos con dos estrellas Michelin, y otros como Nublo (Haro), Ikaro, Ajonegro y Kiro Sushi (Logroño), todos con una estrella.
Domínguez Uceta propone una ruta por los monasterios riojanos, lugares donde “se comía muy bien” y donde se conservan libros de gasto que demuestran la importancia de la alimentación. Entre los más destacados se encuentran Suso y Yuso, Patrimonio de la Humanidad: “el primero primitivo y sumergido en el bosque y el otro más moderno, de grandes proporciones, impresionante y poderoso”.
También menciona otros enclaves como Santa María la Real de Nájera, con su claustro gótico; Santa María de San Salvador de Cañas, con su repostería monacal; y Valvanera, a mil metros de altura en la Sierra de la Demanda, que cuenta con restaurante propio.
La influencia de América se refleja en productos como el tomate, el pimiento o el maíz. “Las órdenes religiosas que tenían conventos en América mandaban los productos de allí a los huertos de los conventos de aquí”, explica Domínguez Uceta. Estos alimentos se incorporaron a una cocina monástica en evolución, que con el tiempo influyó en toda la sociedad riojana.