China es un gigante prácticamente desconocido, incluso para quienes ya lo han visitado. La inmensidad de su territorio y diversidad cultural lo convierten en un país inabarcable y fascinante, por lo que cualquier viaje de diez días sólo permitiría una aproximación superficial. Para un itinerario limitado, el consejo es centrarse exclusivamente en China y no dividir el tiempo con Corea. La recomendación inicial es explorar Pekín y su impresionante patrimonio histórico, incluyendo la Gran Muralla, fácilmente accesible desde la capital. Posteriormente, se puede viajar a Shanghái, una ciudad moderna con un potente valor económico y cultural. Desde allí, destinos cercanos como el Gran Canal ofrecen la oportunidad de conocer la China tradicional.
Se pueden aprovechar vuelos internos para descubrir regiones menos conocidas, pero igualmente fascinantes. Entre ellas destaca Qinghai, con sus desiertos; Chengdu, en Sichuan, hogar del centro de cría de osos pandas; o provincias como Guizhou y Yunnan, donde aún se conservan tradiciones ancestrales y modos de vida tribales.
Corea es un país moderno y en auge en aspectos tecnológicos, culturales y estéticos, sin embargo, intentar visitar ambos países en un solo viaje podría resultar en una experiencia superficial. Lo más sensato es dedicar un futuro viaje exclusivamente a Corea del Sur para disfrutarla en profundidad. "China es un protagonista y Corea es un actor secundario", sentencia Enrique Domínguez Uceta.