Katia Sanz Amado | Agencias
Madrid |
Apenas dos semanas después de la histórica crisis migratoria del pasado 30 de julio, en la que se estima que hasta 70.000 personas cruzaron hacia Ceuta, la máxima tensión ha regresado al perímetro fronterizo.
En los últimos días, una intensa campaña de mensajes difundidos a través de plataformas como TikTok, Instagram y X (antiguo Twitter) ha instado a organizar una nueva embestida o asalto masivo para este sábado 15 de agosto.
Ante el riesgo inminente de que se repitan las dramáticas escenas del mes pasado, los gobiernos de España y Marruecos han coordinado una respuesta de contención inmediata para apagar cualquier intento de cruce irregular y advertir, con rotundidad, que no se permitirán asentamientos al margen de la ley.
El impacto del anterior asalto masivo sigue marcando la gestión diaria en la ciudad autónoma, donde las instituciones mantienen un baile de cifras respecto al número real de personas que permanecen en el territorio. Mientras el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cifra en unos 5.000 los migrantes que continúan en Ceuta y subraya que volver a la normalidad requiere tiempo, el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, eleva la estimación a una horquilla de entre 8.000 y 12.000 personas.
Para materializar esta advertencia frente al 15 de agosto, el blindaje de la frontera ha alcanzado niveles máximos. En el lado español, el Ministerio del Interior ha incrementado drásticamente la presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Actualmente, según fuentes de La Sexta, Ceuta cuenta con un despliegue de 922 agentes de la Policía Nacional, apoyados por 955 miembros de la Guardia Civil y una notable presencia del Ejército, de unos 3.000 militares.
Al otro lado, la localidad marroquí de Castillejos se ha convertido en una fortaleza. Las autoridades alauíes han instalado nuevas líneas de concertinas en puntos estratégicos, han desplegado lanchas patrulleras y han posicionado vehículos con cañones de agua, apoyados por un vasto contingente militar y policial que realiza férreos controles en las carreteras de acceso.
La coordinación frente a este nuevo pulso migratorio ha reforzado el discurso de entendimiento bilateral. El Ministerio del Interior de Marruecos confirmó haber detectado la difusión de publicaciones de origen desconocido que incitan al cruce masivo, asegurando que están tomando las medidas necesarias para neutralizar el intento y detener a los instigadores.
En sintonía con Rabat, Grande-Marlaska ha evitado cualquier fricción diplomática, calificando la llegada del 30 de julio como un hecho excepcional y elogiando la respuesta conjunta como extraordinaria. El titular de Interior español sostiene que esta rápida contención es fruto de una relación cimentada en la confianza y la lealtad, una alianza que considera indispensable para desincentivar la migración irregular y desarticular las redes criminales.
Sin embargo, la dimensión de la crisis ha trascendido el ámbito bilateral para generar profundas fricciones en el seno de la Unión Europea, coincidiendo con las críticas del presidente Pedro Sánchez a la respuesta de algunos socios ante la emergencia.
Los líderes de 22 Estados miembros, impulsados por Italia y Dinamarca, han remitido una carta solicitando una reunión extraordinaria de los ministros del Interior para debatir la respuesta del bloque, expresando sus serias preocupaciones pese a las devoluciones acometidas por España.
El documento, dirigido a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al presidente del Consejo, António Costa, y al primer ministro irlandés, Micheál Martin, evidencia una clara división interna, ya que mandatarios como Emmanuel Macron (Francia), Luís Montenegro (Portugal) y Luc Frieden (Luxemburgo) han optado por no suscribir dicha exigencia comunitaria.
La crítica más contundente ha sido de la mano de Giorgia Meloni, que ha asegurado que la prioridad absoluta de Europa debe ser proteger sus fronteras exteriores frente a lo que califica como una "inmigración descontrolada".