¿Por qué nos duele más un delfín que mil personas? La explicación está en cómo funciona nuestro cerebro
Luis Quevedo ha abordado esta cuestión desde la ciencia en 'Por fin', con Jaime Cantizano, y la primera conclusión resulta llamativa: nuestro cerebro está preparado para reaccionar precisamente así.
Madrid |
¿Por qué la muerte de un delfín provocó una reacción mayor que la de cientos o miles de personas afectadas por la crisis de Ceuta? La imagen de una cría de delfín en la playa del Trampolín, en Ceuta, generó una enorme reacción en redes sociales.
El animal había llegado solo a la orilla, vivo y desorientado, y posteriormente apareció muerto. Las imágenes provocaron una oleada de indignación.
"Es normal que nuestro cerebro llore por uno, incluso si ese uno es un delfín, y se bloquee por cientos o miles", explica el divulgador. Quevedo se apoya en los trabajos del psicólogo Paul Slovic para señalar que, cuando una víctima tiene cara y nombre, "la empatía se dispara". En cambio, a medida que aumenta el número de afectados, esa respuesta emocional puede ir disminuyendo.
El fenómeno puede aparecer incluso con cifras sorprendentemente pequeñas. Quevedo recuerda un experimento de 2014 en el que "los participantes donaban menos dinero por dos niños que por un niño necesitado en una campaña".
Es decir, nuestra empatía no aumenta necesariamente de manera proporcional al número de personas que sufren..
El delfín como "víctima perfecta"
Pero existe otro elemento que ayuda a entender por qué la cría de delfín provocó semejante reacción. Quevedo explica que tendemos a clasificar de manera automática entre quienes hacen cosas y quienes las sufren. Y tanto un niño como una cría de un animal entran directamente en el segundo grupo.
"Un animal, una cría de delfín mular, un niño, están en la caja de los que necesariamente sufren. No pueden haberse buscado su mala fortuna", explica. En cambio, ante un adulto que cruza una frontera puede aparecer un juicio sobre sus propias decisiones. "A esa cría de delfín nadie le puede reprochar estar varada en aquella playa. Es la víctima perfecta", señala.
A ello se suma la propia imagen del animal. Una cría de delfín genera una respuesta inmediata, mientras que una crisis migratoria está compuesta por elementos mucho más abstractos: gobiernos, fronteras, decisiones políticas y miles de personas.
"No es que me preocupe más, es que mi cerebro y el tuyo, el de todos, reacciona de manera más rápida y más inconsciente. Son cosas absolutamente distintas", explica.
Poner cara para romper el bloqueo de las cifras
¿Qué se puede hacer entonces cuando una tragedia afecta a cientos o miles de personas? La respuesta que ofrece la psicología es sencilla: "Ponle cara". Humanizar las grandes cifras mediante historias concretas permite combatir ese bloqueo que experimenta nuestro cerebro ante tragedias de enorme magnitud.
Para Quevedo, el episodio de Ceuta permite observar además cómo las redes sociales amplifican estos mecanismos. Sumarse a la indignación tiene ahora un coste muy bajo y, al mismo tiempo, puede recibir una recompensa inmediata en forma de audiencia. "Cuantas más palabras fuertes uses, más enciende y, por tanto, el algoritmo más lo premia y más visualizaciones tienes", explica.
Al final, detrás de una reacción que puede parecernos contradictoria está un cerebro diseñado para un mundo muy diferente al actual. Quevedo lo compara con un ordenador cuyo "hardware" tiene unos 200.000 años: "Lo único que podemos actualizar nosotros para navegar este mundo tan complejo, con inteligencia artificial y redes sociales, es el software, la cultura, la educación que nos metemos".