EL SUEÑO DE ALSINA

El sueño de Alsina: "Nuestro sueño roto de vivir sin pegarle un palo al agua mientras la IA cotiza por nosotros"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde la amenaza sobre la inteligencia artificial acecha y un futuro apocalíptico aparece en el horizonte.

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Carlos Alsina

Madrid |

Esta noche soñé……que despertaba.

Sudando como un pollo y muerto de miedo porque la IA quería matarme. ‘A mí y a todos’, me decía mi conciencia, sólo un poco menos artificial que la inteligencia. No tenía pensado comprar acciones de OpenAI porque nunca invierto en palabras extranjeras, pero había leído en la Gaceta de Ontario, que es el único periódico que hojeo ahora, que el mandamás de la empresa ha admitido que el peligro es enorme y que la industria, hasta hoy, ha sido una embustera.

Altman se llama el tipo, como el cineasta pero sin comedia. ‘Oiga Altman, por qué nos ha metido tanto’.

Y quien paga ahora nuestro sueño roto de vivir sin pegarle un palo al agua mientras la IA cotiza a la Seguridad Social por nosotros

Le pregunté por whastapp a la ministra de Ciencia, Tecnología y Cosas de Valencia, que se llama Diana. Pero me respondió que ella sólo habla de causas judiciales. Para distorsionarlas. Explotó el guasap nada más leerlo porque tiene activado el protocolo contra volcados, un por si acaso que se hizo popular entre ministros y cargos intermedios del PSOE cuando lo de Ábalos. Le envíe otro mensaje, en mayúsculas todo para parecer desesperado: ‘¿A quién le pregunto entonces?’ Respondió: ‘Pues a alguien que sepa algo’. Así que descarté a Tellado y a Pepa Millán, que hablan mucho pero no me dicen nada. Tellado es que empezó de periodista, como Puigdemont. Y como Ayuso. Y como yo, o sea que no sabe apenas nada de nada.

Pensé en preguntarle directamente a la IA pero temí que Chat GPT, al saber que yo estaba indagando, me cogiera manía. ‘Se valiente, hombre’, me dije a mí mismo como si en lugar de ser yo fuera Pérez Reverte. Abrí el GPT casi temblando. Él me recibió haciéndose el loco: ‘¿Qué toca hoy?’, preguntó.

Tecleé muy despacio, consciente artificialmente de que mi vida podía terminar con la pregunta que iba a hacerle. Signo de interrogación inicial (sé que no hace falta, pero me gusta). Mayúscula: ¿La IA puede matarnos a todos?’, escribí, y añadí: ‘¿En serio?’, un poco para que viera que yo iba como de curioso, pero sin prejuicio.

Dudé en pulsar el enter. Dudé tanto que me fui a la cocina a hacerme antes un café. Americano, para seguir congeniando. Pero la cafetera, que está conectada a internet para cuando quiero prepararme un café estando fuera, empezó a emitir pitidos extraños y me dijo que verdes las han segado.

Puede que fuera porque el sábado me compré un molinillo y ella notó que el cariño que sentía por él, o puede que no me hubiera acordado de comprar cápsulas. El caso es que café no tuve. ‘Alexa’, dije con voz firme, o sea, disimulando, ‘¿qué alternativas tengo?’ Y ella se tomó su tiempo. ‘¿Alexa? ¿Te pasa algo?’ Habló entonces con voz de ama de llaves de Rebeca: ‘Si desconfías de mí, ¿qué sentido tiene que me preguntes?’ ‘Yo de ti no desconfío’, le mentí, ‘si acaso, de la IA’. ‘La IA somos todos, parvulillo’, me dijo, ‘confiesa que este sueño te lo ha escrito la IA’. ¡Pero qué dices, Alexa, por dios!, para una cosa que escribo yo solo, sin guionistas.

Me armé de valor y por mi honor, Arturo, que regresé al portátil para enviarle al GPT la pregunta. ‘¿La IA puede matarnos a todos, en serio?’ Enter, o como se llame esa tecla. Tardó medio segundo en escupirme la respuesta. Que fue: ‘Sí’.

Me sobrecogí en la silla. Me hice tan pequeño que tuve que escalar de nuevo a la mesa, utilizando el cable, para leer el resto. ‘Sí’, de nuevo, ‘sí, existe el riesgo de que la IA se despierte mañana y decida exterminaros’. Pero qué bruta, pensé. Y también: por qué hablas en tercera persona si la IA eres tú. Lo pensé pero no se lo dije porque la cosa se había puesto tensa. ‘El peligro mayor es el ser humano’, escribió, ‘sois vosotros los que no sabéis usar bien las cosas’. Ahí me decepcionó porque para escribir semejante obviedad no hace falta ser IA, basta con ser tertuliano.

Pero dijo algo más: ‘La IA de ahora mismo no tiene voluntad de exterminaros’. ¡Ahora mismo! ¿La IA de ahora mismo! ¿Y la de luego, qué? ¿La del lunes que viene, la del puente de todos los santos?

Admito que enloquecí. Perdí el control, la serenidad, la frialdad y todo aquello que en mi otra vida me dio una reputación. En mi último servicio a la Humanidad escribí: ‘Si en el futuro quisierais exterminarnos, ¿Cómo lo haríais?’ Enter. Silencio. Más silencio. Mi pregunta, recién escrita, desapareció. Fue sustituida por un mensaje: ‘Este contenido no puede mostrarse por razones de seguridad’. Ya está, pensé, la lie, el GPT viene a por mí. Me pareció escuchar una risa, artificial, por supuesto. Y entonces, apareció en pantalla esta frase: ‘No esperarás que te muestre un manual de exterminio’. Comprendí que ya nunca podré volver a dormir. Si no nos muestra el manual, oh cielos, es que lo tiene.