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Alberto Muñigorri, el niño al que le explotó una mochila de ETA, relata su vida a Alsina: "Sentí mucho el silencio, amoldé mi vida a él y a la violencia"

La bomba que le explotó a Alberto cuando tenía diez años al encontrarse en la calle con una mochila marcó para siempre la vida de este hombre que ha sufrido en carne propia no sólo la violencia física de ETA sino la violencia ambiental del terrorismo.

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Mónica Muñoz

Madrid |

ondacero.es/ Foto: Rafa San del río | Rafa Sanz del Río

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados de la banda terrorista ETA anunciaban en un vídeo publicado en el diario vasca Gara el "cese definitivo de la actividad armada". Con más de 800 víctimas mortales a sus espaldas y tras más de 3.500 atentados perpetrados, la organización daba por finalizada de esta manera su actividad.

Uno de esos atentados fue el que convirtió a Alberto Muñigorri en víctima de ETA. En 1982, cuando tenía diez años se fue a la calle en Rentería a jugar al fútbol con sus amigos y al pasar al lado de una mochila en la que ETA había preparado una bomba ésta explotó destrozando su cuerpo.

Ahora que tiene 54 años y que se cumplen quince de que la banda terrorista anunciara su fin, ha hecho con Carlos Alsina el recorrido que hizo aquel fatídico día desde casa de su abuela hasta el lugar exacto en el que le explotó la bomba y, durante el trayecto, ha relatado a los oyentes de Más de uno cómo se encontró con la mochila, cómo se despertó en el hospital y cómo ha sido su vida vinculada a revisiones, operaciones y secuelas psicológicas.

Muñigorri cuenta que aquella mañana fue a casa de su abuela para que le diera la paga y que no quiso acompañarle a hacer unos recados porque quería irse a jugar con sus amigos y recuerda que aquella fue la última vez que bajó corriendo las escaleras hasta la calle, de aquella manera, con sus dos piernas.

De este preciso recuerdo pasa a sus recuerdos en el hospital. La primera vez que despertó y vio a sus padres como "dos manchas verdes", el creer que estaba allí "por un empacho de caramelos", la protección y la fuerza que en todo momento le dio su madre y el recuerdo horrible de las curas.

Alberto resalta que lo duro no fue el atentado sino todo lo que vino después, "una vida vinculada a hospitales, a incertidumbres" en la que las revisiones en el hospital y las operaciones han sido la constante y después vinieron las secuelas psicológicas.

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Cuenta Alberto Muñigorri cómo ya de mayor, con 40 años acudió a un encuentro en la cárcel de Logroño con un militante de ETA arrepentido en la que se puso a llorar y no podía parar.

Relata que fue muy importante para él "un recuerdo bueno, porque aparte de encontrarme con esa persona que había tomado conciencia, que había reconocido el daño y demás, a mí me dio esperanza".

Para terminar, le cuenta a Alsina la razón por la que ha preferido quedarse en Rentería a pesar de lo que le ha sucedido. Es mi pueblo y aquí están mis raíces aunque sí señala que sintió mucho "el silencio, amoldé mi vida a ese silencio y a a la violencia que existía en Rentería"