SALUD

Vapear o fumar: ¿Igual de peligrosos para la salud?

¿Es igual de perjudicial para la salud fumar cigarrillos y vapear? Aunque ambos son productos dañinos, existen diferencias sustanciales.

ondacero.es

Madrid |

La combustión es la clave de las diferencias entre los cigarrillos y los vapeadores. | Pexels

El debate sobre los cigarrillos electrónicos se ha intensificado en los últimos años. Mientras algunos mensajes públicos tienden a equiparar vapeo y tabaquismo, una parte importante de la literatura científica y de los organismos sanitarios internacionales establece diferencias claras entre ambos productos. Al mismo tiempo, esos mismos organismos insisten en que vapear no es inocuo y que persisten incertidumbres sobre algunos de sus efectos a largo plazo.

La cuestión, por tanto, no es si vapear está libre de riesgos, sino qué nivel de riesgo presenta en comparación con el cigarrillo convencional y qué grado de consenso existe al respecto.

La diferencia fundamental: la combustión

El principal elemento que distingue al cigarrillo tradicional del cigarrillo electrónico es la combustión. Cuando se fuma un cigarrillo, el tabaco se quema y genera humo que contiene miles de sustancias químicas, entre ellas numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas asociadas al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer.

Los dispositivos de vapeo funcionan de manera diferente. En lugar de quemar tabaco, calientan un líquido para producir un aerosol inhalable. Esta diferencia tecnológica ha llevado a numerosos investigadores a estudiar si la eliminación de la combustión reduce la exposición a compuestos nocivos.

El Royal College of Physicians del Reino Unido, una de las instituciones médicas más prestigiosas del mundo, sostiene que existe un continuo de riesgo entre los distintos productos con nicotina y que los cigarrillos combustibles ocupan el extremo más dañino de esa escala. En sus revisiones de evidencia, la institución concluye que los cigarrillos electrónicos exponen a los usuarios a niveles significativamente inferiores de sustancias tóxicas en comparación con el tabaquismo.

En una línea similar, revisiones realizadas por investigadores del King's College London han encontrado que las personas que sustituyen completamente el cigarrillo por el vapeo presentan una reducción sustancial en la exposición a compuestos asociados con enfermedades relacionadas con el tabaco.

Estas conclusiones han contribuido a consolidar una posición compartida por diversos organismos británicos de salud pública: aunque vapear no está exento de riesgos, la evidencia disponible indica una exposición menor a muchas de las sustancias responsables del daño provocado por el tabaquismo.

Un consenso con matices

Sin embargo, la existencia de diferencias de riesgo entre fumar y vapear no significa que exista unanimidad absoluta sobre todas las cuestiones relacionadas con los cigarrillos electrónicos.

Algunos investigadores han cuestionado determinadas estimaciones utilizadas en el debate público para cuantificar cuánto menos perjudicial es vapear respecto a fumar. También existe consenso en que los efectos del vapeo durante varias décadas aún no pueden conocerse con el mismo grado de certeza que los del tabaco combustible, cuya relación con múltiples enfermedades está documentada desde hace décadas. Por ello, incluso los organismos que consideran que el vapeo presenta un riesgo inferior insisten en que no debe interpretarse como una actividad inocua ni recomendable para personas que nunca han fumado.

El papel de EVALI y los casos más mediáticos

Uno de los episodios que más contribuyó a deteriorar la percepción pública del vapeo fue el brote de lesiones pulmonares registrado en Estados Unidos en 2019, conocido como EVALI.

Las investigaciones posteriores identificaron como principal causa productos ilícitos que contenían THC —el principal componente psicoactivo del cannabis— y que habían sido adulterados con acetato de vitamina E. Las autoridades sanitarias estadounidenses concluyeron que la mayoría de los casos no estaban relacionados con cigarrillos electrónicos regulados de nicotina comercializados legalmente.

Más recientemente, algunos casos aislados de lesiones pulmonares graves han vuelto a generar titulares y preocupación social. Los especialistas coinciden en que estos episodios deben investigarse rigurosamente, aunque advierten de que los casos individuales no siempre permiten extraer conclusiones generales sobre una categoría completa de productos.

El desafío de los productos no regulados

Uno de los puntos sobre los que existe mayor acuerdo entre expertos y autoridades sanitarias es la preocupación por la circulación de productos no regulados.

La venta de dispositivos de origen desconocido, líquidos manipulados o productos adquiridos fuera de los canales legales introduce riesgos adicionales que dificultan la evaluación de seguridad y el control sanitario.

Esta preocupación adquiere especial relevancia cuando afecta a menores de edad, un fenómeno que ha llevado a numerosos países a reforzar restricciones sobre comercialización, publicidad y acceso a este tipo de productos.

Un debate con implicaciones de salud pública

La discusión sobre el vapeo no se desarrolla en el vacío. En España, millones de personas continúan fumando cigarrillos convencionales, una práctica que sigue siendo una de las principales causas evitables de enfermedad y muerte.

Por este motivo, algunos expertos sostienen que la comunicación pública debe reflejar con precisión las diferencias de riesgo identificadas por la evidencia científica. Otros consideran prioritario evitar mensajes que puedan normalizar el consumo de nicotina, especialmente entre los jóvenes.

Lo que sí parece generar consenso es que equiparar todos los productos de consumo de nicotina sin matices puede simplificar en exceso una realidad más compleja.

La evidencia científica disponible hasta la fecha apunta a que fumar y vapear no son exactamente lo mismo desde el punto de vista toxicológico. Sin embargo, también indica que ninguno de los dos productos está libre de riesgos. Entre ambos extremos se sitúa un debate que continúa evolucionando a medida que se acumulan nuevos datos y estudios sobre sus efectos a largo plazo.