MICROBIOLOGÍA

Millones de microbios viven en tu estropajo: cómo evitar que contaminen tus platos

El ambiente húmedo y poroso de un estropajo de cocina crea una incubadora ideal para esos microorganismos, permitiendo que la densidad alcance hasta 54 000 millones de bacterias por centímetro cúbico.

Raúl Rivas González, Universidad de Salamanca

Madrid |

Estropajo de cocina | Pixabay

Las esponjas de baño, las bayetas y los estropajos de cocina, tan usados en el día a día, tienen un lado siniestro: proporcionan un entorno oscuro, húmedo y rico en nutrientes, ideal para la proliferación de bacterias, algunas inofensivas y otras patógenos oportunistas. De ahí que constituyan una fuente importante, aunque a menudo subestimada, de contaminación doméstica en cocinas y baños.

Eso no impidió que el mercado mundial de esponjas y estropajos alcanzase un valor de 5 700 millones de dólares en 2025. Es más, se prevé que llegue a los 7 200 millones de dólares en 2034.

¿Cómo es posible que estos artículos de limpieza estén contaminados, si los “lavamos” continuamente? Muy sencillo: una vez que los microorganismos entran en contacto con ellos, encuentran condiciones favorables para su persistencia y multiplicación, con la presencia constante de humedad, temperatura benigna y, especialmente, de residuos orgánicos (nutrientes para los microbios) provenientes de alimentos, productos cosméticos o residuos corporales.

La temperatura del agua caliente que utilizamos para fregar o ducharnos, y que, para evitar achicharrarnos las manos o el cuerpo, rara vez supera los 40 °C o 45 °C, no es suficiente para eliminar los microbios de las esponjas y de los estropajos.

Húmedos y porosos

No podemos obviar que la estructura de una esponja o de un estropajo proporciona numerosos espacios pequeños donde los microbios pueden adherirse, refugiarse y multiplicarse. El ambiente húmedo y poroso de un estropajo de cocina crea una incubadora ideal para esos microorganismos, permitiendo que la densidad alcance hasta 54 000 millones de bacterias por centímetro cúbico.

Varios autores han analizado los estropajos utilizados en cocinas domésticas, informando de un alto nivel de contaminación por patógenos como Salmonella spp, Staphylococcus aureus, Campylobacter spp, Moraxella spp., Enterobacter cloacae, Escherichia coli, Klebsiella oxytoca, Cronobacter sakazakii o Listeria monocytogenes. En concreto, un análisis realizado en 1997 en 10 cocinas estadounidenses encontró que el 33 % de los estropajos analizados fueron positivos para Escherichia coli y el 67 % para coliformes fecales. Y también hay evidencias de que E. coli, Salmonella y Staphylococcus aureus pueden sobrevivir y persistir hasta 16 días en un estropajo de cocina y hasta 13 días en bayetas de microfibra.

El uso de un estropajo contaminado puede propagar bacterias por las superficies de la cocina, incluyendo mesas, utensilios y platos. El riesgo aumenta al limpiar los jugos de la carne cruda; por ejemplo, del pollo.

Viki Pavlovna/Shutterstock

Esto resulta inquietante si tenemos en cuenta que un estudio realizado en 2020 sobre la calidad microbiológica de los estropajos utilizados en residencias universitarias reveló que los estudiantes los usaban para lavar artículos como cubiertos, platos y vasos, pero también para limpiar el horno (32 %), el fregadero (26 %), el frigorifico (10 %) e incluso derrames en el suelo (4 %). Y que, además de estar repletos de bacterias patógenas humanas, muchas de ellas fueron resistentes a antibióticos como la amoxicilina, la cefalotina, la cefoxitina y el cefuroxima-axetilo.

Los paños de cocina no son mucho mejores

Por otra parte, un trabajo publicado en 2025 reveló una contaminación generalizada en la evaluación microbiana de 50 muestras de paños de cocina recolectados de hogares en el distrito de Hyderabad de Pakistán. Casi todos dieron positivo para diversos microorganismos: 98 % para bacterias coliformes, 84 % para Staphylococcus aureus, 82 % para Vibrio cholerae, 74 % para Shigella, 54 % para Salmonella, 54 % para Escherichia coli y 26 % para Pseudomonas aeruginosa. En un estudio realizado hace más de dos décadas, se demostró que los paños de cocina incluso podían transferir más bacterias que los estropajos.

Los resultados de una encuesta aplicada en seis países europeos revelaron que el 16 % de los usuarios mantiene prácticas de riesgo, tales como limpiar jugos de carne cruda con el paño de cocina, no cambiarlo inmediatamente y no colgarlo para que se seque.

Los paños que se guardan arrugados retienen la humedad y permiten una rápida multiplicación de Salmonella y una mayor persistencia de Campylobacter. Por el contrario, colgar los paños extendidos para que se sequen reduce significativamente la carga bacteriana, independientemente del material del que estén hechos.

Cortinas, esponjas y patitos de goma en el baño

Las esponjas de lufa, utilizadas para la limpieza y la exfoliación de la piel, son un accesorio común en la ducha, y han sido relacionadas con infecciones de la piel y los tejidos blandos, debido a su capacidad para albergar bacterias patógenas como Streptococcus pyogenes y causar microtraumatismos en la piel. Las cortinas de ducha de vinilo también son propensas a acumular microbios. En cuanto a los patitos de goma que hacen que la hora del baño sea tan divertida para los más pequeños, en su interior pueden contener hasta 9,5 millones de bacterias por centímetro cuadrado.

Lavado en el lavavajillas

Tenga en cuenta que un ciclo de lavado con agua caliente en la lavadora ayuda a limpiar a fondo las bayetas y los paños de cocina, facilitando la eliminación de los microbios.

Reducir el crecimiento microbiano en las esponjas y en los estropajos no requiere métodos de desinfección complicados. Algunos estudios sugieren que basta con aplicar algunas medidas sencillas, como limpiar las esponjas y estropajos de cocina con cloro (lejía), hervirlos o lavarlos en el lavavajillas con un programa intensivo. No obstante, recuerde que también es conveniente renovar y reemplazar con regularidad nuestros estropajos y esponjas, sobre todo si están visiblemente sucios o desprenden un olor desagradable.

Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.