La evaluación de riesgo es baja. La sensación de confusión, alta. Ya podía el hantavirus haberse esperado a que terminara la campaña electoral andaluza. Los virus y las campañas electorales casan mal. Porque una crisis sanitaria, una amenaza como la del hantavirus, cuya gravedad aún no sabemos cuantificar del todo, requiere sobre todo de buena coordinación entre administraciones, transparencia y mensajes claros. Y llamar a la calma muchas veces no funciona sin un liderazgo claro y la información precisa.
Eso debería saberlo ya el Gobierno de España. Hay pocos gobiernos en Europa que tengan tanta experiencia en gestión de crisis como este. Es verdad. Porque la mayoría de gobiernos europeos, con permiso de Macron, han cambiado desde el Covid. Pero el presidente Sánchez es de los pocos que sigue aquí. Y presume muy a menudo de la de crisis que ha gestionado su Ejecutivo.
Sin embargo, la experiencia no se le está notando. En los últimos tres días se nos acumulan los anuncios contradictorios y los choques institucionales. De lo primero es el Gobierno el único responsable, que se ha demostrado incapaz de coordinarse consigo mismo; para lo segundo, para los choques institucionales, cuenta el Gobierno con la inestimable ayuda de la oposición, que no ha dudado en aprovechar el hantavirus como ingrediente más para azuzar el choque y la polémica. Esto tampoco ayuda a la calma.
Como no ayuda que en 72 horas, la ministra de Sanidad haya dicho que el barco no entraría en Tenerife, luego que sí y ahora resulta que no, que no atracará. El domingo, cuando llegue el crucero afectado por hantavirus lo fondearán y sacarán los pasajeros del crucero en lanchas para su evacuación hasta el aeropuerto. Sin contacto con la población canaria.
Entre tanto, la ministra de Defensa creó más confusión diciendo, en contra de lo que decía Sanidad, que la cuarentena de los pasajeros sería voluntaria. La última hora es que no, no lo será. Sanidad está preparando un informe jurídico que permita internarlos a todos en una cuarentena aún por determinar.
Mucho más útil que pedir tranquilidad,
es coordinarse mejor e informar con claridad