La cosmeticorexia en el punto de mira: la obsesión por cuidar la piel llega a menores de diez años
Italia se ha convertido en el primer país en abrir una investigación a una marca por la promoción de sus productos dirigida a menores de edad.
Madrid |
Italia se ha convertido en el primer país europeo en actuar contra la llamada cosmeticorexia, un fenómeno que preocupa cada vez más a expertos y autoridades. El organismo encargado de velar por la competencia y el mercado ha abierto una investigación a la cadena Sephora por la supuesta promoción de productos antiedad entre menores.
La investigación llega tras detectarse promociones para el acceso de niñas de apenas seis o siete años a cosméticos diseñados para adultos, una práctica que podría acarrear tanto problemas dermatológicos como trastornos psicológicos.
La investigación marca un precedente en Europa y pone sobre la mesa una realidad en expansión: el adelanto de rutinas de cuidado estético a edades cada vez más tempranas.
Según las autoridades italianas, este consumo precoz no solo responde a una moda pasajera, sino a una tendencia consolidada que requiere vigilancia. Por su parte, la empresa ha defendido que cumple la legislación vigente y ha mostrado su disposición a colaborar.
Las causas de un fenómeno al alza
Detrás de la cosmeticorexia hay un entramado de factores que explican su rápida expansión. Las redes sociales juegan un papel determinante al difundir modelos de belleza irreales y altamente editados, que los menores consumen sin filtros.
Influencers y celebridades promocionan rutinas y productos que se presentan como imprescindibles, generando un efecto imitación cada vez más precoz. A esto se suma el acceso fácil a cosméticos a través de internet, sin apenas restricciones, y la enorme cantidad de tutoriales que convierten el cuidado estético en una práctica cotidiana desde la infancia.
También influye la presión social: incluso a edades tempranas, los menores buscan encajar y evitar críticas sobre su apariencia. En paralelo, las marcas dirigen cada vez más sus campañas a públicos jóvenes, reforzando esa necesidad. Todo ello se combina con inseguridades propias del desarrollo, adelantando preocupaciones que antes pertenecían exclusivamente al mundo adulto.