Aurora Molina | EFE
Madrid |
El polvo del desierto africano, que hasta ahora había pasado bastante desapercibido, se ha convertido en uno de los contaminantes atmosféricos amenazadores para la calidad del aire y la salud de las personas. Este ha aumentado entre un 10% y un 25% en la última década, según un estudio.
"En España, aproximadamente un tercio del año registramos episodios de polvo sahariano que, en un porcentaje importante de casos, provoca que se supere el límite diario de partículas en suspensión (PM) para la protección de la salud", explica Xavier Querol, uno de los autores de la investigación recogida este miércoles en la revista Nature.
El trabajo combina datos de más de cien estaciones de medición durante los últimos 10 años con técnicas de inteligencia artificial para averiguar cómo ha evolucionado la presencia de polvo del desierto, y en él ha participado el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).
Los datos apuntan a que en el sur de Europa la concentración media de polvo del desierto es de 5,3 microgramos por metro cúbico de aire, más del doble que en el centro y el norte del continente, donde se midió una media de 2,1 microgramos.
De hecho, la península ibérica y los archipiélagos sufren este fenómeno con especial intensidad: "Los vientos alisios transportan el polvo africano hacia el Caribe, afectando a Canarias, pero hay situaciones meteorológicas determinadas, como un anticiclón en el norte de África o una baja presión en el cabo de San Vicente, que arrastran este flujo directamente hacia la península", explica Querol.
Según los datos del IDAEA-CSIC, la frecuencia de estos episodios de contaminación por polvo del desierto es máxima en Canarias, afectando el 40% de los días del año. En el sur de la península representa un 35% de los días y en el noreste, alrededor de un 25-30%. "Hablamos de episodios que pueden ser extremadamente agudos".
Hablamos de episodios que pueden ser extremadamente agudos
Portugal, Italia, el oeste de Francia y Grecia son los otros países donde más ha aumentado la contaminación por partículas de polvo del desierto, ya que las masas de aire procedentes del Sáhara suelen dirigirse hacia el Atlántico y luego giran de nuevo hacia el norte, en dirección a Europa occidental.
Los investigadores recuerdan que los efectos a largo plazo del polvo del desierto pueden provocar neumoconiosis, asma o bronquitis crónica, entre otros.
El aumento inmediato de la mortalidad en los días con niveles elevados de polvo del desierto en el aire está bien documentado: muere un número mayor de personas como consecuencia de infartos y problemas respiratorios esas jornadas respecto a otras en las que no hay polvo.
Los autores inciden en la necesidad de establecer sistemas de alerta para concentraciones elevadas en toda Europa, similares a los que se utilizan para los episodios de contaminación urbanos, de modo que las personas especialmente sensibles (niños, mayores o personas con afecciones respiratorias y cardiovasculares) puedan tomar precauciones.