ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Terremoto político en Estados Unidos: los demócratas recuperan el Senado y la Cámara de Representantes y Trump pierde sus bastiones

Los resultados de las 'midterms' en EEUU pueden marcar un punto de inflexión en la política estadounidense al perder Trump sus bastiones republicanos ante unos demócratas que arrasan en Texas o Kansas.

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ondacero.es

Madrid |

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una imagen de archivo | Europa Press

Los demócratas arrasan en las 'midterms' estadounidenses y Trump sufre un duro revés. El Partido Demócrata ha protagonizado una de las mejores noches de su historia reciente al recuperar el control del Senado y de la Cámara de Representantes en una derrota clara para el trumpismo, con territorios como Texas o Kansas que han acabado la jornada de 'azul' demócrata.

El dato es especialmente relevante porque los republicanos afrontaban estas elecciones con mayoría en ambas cámaras y con la posibilidad de consolidar el programa político de Trump durante la segunda mitad de su presidencia.

La pérdida del Senado supone un golpe institucional de primer orden. La Cámara Alta tiene competencias decisivas en la confirmación de nombramientos presidenciales, incluidos los cargos judiciales y diplomáticos. Una mayoría demócrata podría bloquear o ralentizar nombramientos de Trump y convertir cada negociación legislativa en un ejercicio de mayor dificultad.

La magnitud del retroceso republicano se aprecia también en el mapa electoral: varios estados que habían respaldado a Trump en 2024 han registrado victorias demócratas de gran relevancia.

Texas, Georgia, Ohio y Carolina del Sur: las grietas en el mapa republicano

Uno de los elementos más significativos de la jornada es la pérdida de terreno republicano en estados que durante años han constituido importantes bastiones conservadores.

Texas representa probablemente el cambio más simbólico. El demócrata James Talarico ha conseguido el escaño del Senado frente al republicano Ken Paxton. Además, Gina Hinojosa se ha impuesto en la elección a gobernadora frente a Greg Abbott. De confirmarse y consolidarse estos resultados, Texas tendría un significado político extraordinario: no solo se trataría de una victoria demócrata en una contienda estatal, sino de la ruptura de una de las principales fortalezas electorales del Partido Republicano.

Georgia también ofrece una señal de cambio. Los demócratas han conseguido la gobernación con Keisha Lance Bottoms, recuperando un puesto que el partido no controlaba desde 1998, según los primeros balances publicados. El estado, que ya había demostrado su competitividad electoral en los últimos ciclos presidenciales, vuelve a situarse en el centro de la transformación política estadounidense.

Ohio es otro territorio especialmente relevante. El demócrata Sherrod Brown ha recuperado el escaño del Senado al derrotar al republicano Jon Husted. El resultado cuestiona la capacidad del Partido Republicano para mantener su hegemonía en estados industriales del Medio Oeste, donde el voto de los trabajadores y la preocupación por el empleo y el coste de la vida pueden modificar las alianzas tradicionales.

Carolina del Sur añade otra señal de alarma para los republicanos: el demócrata James Talarico no es el protagonista allí, sino que las pérdidas republicanas en el Senado incluyen también este estado, según el balance preliminar de Axios. La extensión geográfica de las derrotas resulta más importante que cualquier victoria aislada: indica que la oposición ha conseguido competir en territorios donde hasta hace poco tenía dificultades estructurales.

Por el contrario, Florida ha mantenido su orientación republicana. Byron Donalds ha ganado la gobernación frente a David Jolly, consolidando la continuidad del control conservador en un estado que se ha convertido en uno de los principales centros de fuerza del Partido Republicano.

La lectura, por tanto, no es que Estados Unidos haya dejado de ser un país políticamente conservador, sino que el mapa republicano presenta fisuras y que la coalición que permitió a Trump regresar a la Casa Blanca no parece haber mantenido intacta su capacidad de movilización.

¿Por qué están cambiando estados tradicionalmente republicanos?

El resultado no puede explicarse exclusivamente por un voto de castigo contra Trump. Los datos disponibles apuntan a una combinación de factores económicos, sociales, demográficos y políticos.

El coste de la vida y el malestar económico, s probablemente el elemento más determinante. Según los sondeos a pie de urna recogidos por Reuters y Associated Press, el encarecimiento de los bienes y servicios, la situación económica de las familias y la percepción de que el Gobierno no está respondiendo adecuadamente a estos problemas han pesado considerablemente en el voto.

La cuestión es particularmente delicada para Trump porque su regreso al poder estuvo acompañado de promesas de recuperación económica y mejora del poder adquisitivo. Cuando los ciudadanos no perciben esas mejoras, la responsabilidad electoral recae sobre el partido gobernante.

El impacto de la política exterior. La guerra con Irán y sus consecuencias económicas, especialmente sobre los precios de la energía, han contribuido al desgaste presidencial. La política exterior puede movilizar a los sectores más ideologizados, pero también generar rechazo entre votantes que consideran que los problemas internos deberían tener prioridad.

El rechazo a la polarización y a la gestión presidencial. Los resultados reflejan también una demanda de mayor control institucional. Una parte del electorado ha utilizado las elecciones legislativas para limitar el poder de Trump, incluso sin identificarse necesariamente con el conjunto del programa demócrata.

Los cambios demográficos y electorales. La coalición republicana de 2024 había conseguido avances entre votantes jóvenes, hombres afroamericanos y sectores hispanos. Sin embargo, los datos preliminares de Reuters apuntan a una pérdida de apoyo republicano entre varios de estos grupos en 2026.

El respaldo republicano entre los votantes de 18 a 29 años habría descendido del 40% en 2024 al 25% en estas elecciones. Entre los hispanos, habría pasado de cerca de la mitad a aproximadamente un tercio.

Estos movimientos son especialmente importantes en Texas, donde el crecimiento de la población hispana y la evolución de las áreas metropolitanas llevan años modificando las posibilidades electorales de ambos partidos. No obstante, conviene evitar una interpretación simplista: el cambio demográfico no garantiza por sí mismo un cambio de voto.

El desgaste de las candidaturas republicanas. También ha influido la calidad y la imagen de los candidatos. En Texas, las controversias y las acusaciones de corrupción que han rodeado a Ken Paxton perjudicaron su candidatura al Senado. En Ohio, los votantes consideraron que Jon Husted estaba demasiado alineado con Trump, mientras que Sherrod Brown logró recuperar apoyos entre jóvenes, moderados y mujeres.

Esto demuestra que el trumpismo puede seguir teniendo una base electoral considerable, pero que su identificación con candidatos concretos también puede convertirse en un lastre.

Por su parte el jefe del Ejecutivo estadounidense comentó en su red social Truth Social, que si él hubiera estado en las papeletas su partido habría arrasado.

"¡Yo no aparecía en la papeleta electoral y, si hubiera aparecido, habríamos ganado POR UNA VICTORIA APLASTANTE!", declaró

El significado político de la derrota para Trump

El resultado tiene tres consecuencias fundamentales.

  • Trump pierde capacidad legislativa.

Si los demócratas consolidan también la mayoría en la Cámara de Representantes, el presidente se encontrará ante un Congreso controlado por la oposición en sus dos cámaras. Eso significa que tendrá muchas más dificultades para aprobar nuevas leyes, impulsar reformas económicas, conseguir financiación para determinadas iniciativas y sacar adelante partes centrales de su programa.

El Senado adquiere una importancia adicional porque podrá bloquear nombramientos presidenciales y ejercer un control más estricto sobre la Administración.

  • Una etapa de investigaciones y confrontación institucional.

Los demócratas han anunciado que pretenden intensificar la supervisión parlamentaria del Ejecutivo. Las comisiones del Congreso pueden convocar comparecencias, solicitar documentación, abrir investigaciones y emitir citaciones. Esto no significa que Trump pierda automáticamente sus competencias presidenciales, pero sí que su margen de maniobra política se reduce.

El propio presidente ha anticipado que recurrirá al veto para impedir iniciativas demócratas, una circunstancia que aumenta las posibilidades de bloqueo legislativo.

  • El Partido Republicano tendrá que afrontar su propia crisis interna.

Las derrotas han reabierto el debate sobre el coste electoral de la identificación absoluta con Trump. Una parte de los dirigentes republicanos atribuye los resultados al presidente y a su equipo, mientras que otros sectores pueden interpretar que el partido necesita profundizar en su discurso populista y nacionalista para recuperar a sus votantes.

Esta división puede convertirse en uno de los principales problemas de los republicanos durante los próximos dos años: decidir si mantienen una estrategia de fidelidad incondicional al presidente o si recuperan cierta autonomía política.