FRANCIA

Qué está pasando en Francia: por qué Lecornu es ya el quinto primer ministro de la era Macron

El caso Lecornu no es un episodio aislado, sino el síntoma de un sistema que parece haber agotado su fórmula de equilibrio.

➡️Sèbastien Lecornu dimite como primer ministro de Francia un día después de formar su Gobierno

Tomás Sanjuán

Madrid |

Más de Uno con corresponsal en París (Álvaro del Río)

Francia atraviesa una nueva crisis política tras la dimisión de Sébastien Lecornu, apenas un mes después de haber sido nombrado primer ministro. Su salida convierte al joven político en el quinto jefe de Gobierno de la era Macron, un récord que ilustra la fragilidad institucional que vive el país y la dificultad del presidente para mantener un Ejecutivo estable.

Una crisis política prolongada

El origen de esta inestabilidad se remonta a las elecciones legislativas de junio de 2024, cuando Emmanuel Macron perdió la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Desde entonces, el Parlamento se ha fragmentado entre la izquierda, el bloque centrista y el ascenso del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional. La falta de alianzas sólidas ha provocado una sucesión de gobiernos de corta vida. Michel Barnier cayó a finales de 2024, François Bayrou fue destituido tras perder una moción de confianza en septiembre, y Lecornu apenas ha resistido unas semanas en el cargo.

Sébastien Lecornu, de 39 años, era considerado uno de los hombres más leales a Macron. Con una carrera meteórica, había pasado por varios ministerios, desde Medioambiente hasta Defensa, antes de ser designado primer ministro el pasado 9 de septiembre. Su perfil pragmático y conciliador parecía adecuado para una etapa de negociación con la oposición, pero los acontecimientos se precipitaron. El presidente le encargó formar un gobierno de consenso, algo que resultó imposible en un Parlamento profundamente dividido.

Entre las razones de su dimisión destacan el fracaso en las conversaciones con los principales partidos, las críticas por mantener a varios ministros del gabinete anterior y el malestar interno dentro del bloque centrista. A ello se suman los problemas económicos del país: Francia afronta un elevado déficit público, un crecimiento estancado y advertencias de las agencias de calificación crediticia sobre su estabilidad política y financiera.

El estilo presidencialista de Macron también ha contribuido al desgaste. Su tendencia a concentrar el poder en el Elíseo ha dificultado la creación de un verdadero gobierno de coalición. A diferencia de otros países europeos, Francia no está acostumbrada a este tipo de acuerdos, y la falta de cultura parlamentaria de consenso se ha convertido en un obstáculo estructural.

Por ahora, Macron ha pedido a Lecornu que permanezca en funciones durante unos días para gestionar la transición y buscar un nuevo primer ministro. El presidente se enfrenta a tres opciones: nombrar un nuevo jefe de Gobierno capaz de tejer alianzas, convocar elecciones anticipadas o mantener el statu quo con un Ejecutivo en funciones. Ninguna de ellas es sencilla.

Un país atrapado en la parálisis

La disolución del Parlamento podría dar alas a la extrema derecha, mientras que un nuevo gabinete minoritario correría el riesgo de caer en pocas semanas. Francia, que lleva más de un año sumida en una parálisis institucional, se asoma así a un escenario inédito: un presidente sin mayoría, un Parlamento ingobernable y una ciudadanía cada vez más cansada de la inestabilidad política.

El caso Lecornu no es un episodio aislado, sino el síntoma de un sistema que parece haber agotado su fórmula de equilibrio. La Quinta República, nacida para garantizar gobiernos fuertes, se encuentra atrapada en su propio diseño. Y Emmanuel Macron, en su segundo mandato, se enfrenta al desafío más serio desde que llegó al poder: gobernar un país que ya no parece gobernable.