Madrid |
La política alemana ha evidenciando un cambio que ya se había manifestado en otras regiones de Europa. Tras las elecciones regionales en el estado oriental de Sajonia-Anhalt, Alternativa para Alemania (AfD) ha certificado un ascenso sin precedentes: ha pasado del 20,8% de los votos registrado en 2021 a un demoledor 43,8%, situándose con 39 de los 83 escaños de la cámara estatal. A tan solo tres diputados de la mayoría absoluta, el partido liderado en la región por Ulrich Siegmund se encuentra a las puertas del poder, amenazando con dinamitar el histórico cordón sanitario de la República Federal.
Frente al desplome de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que ha visto reducido su apoyo a menos de la mitad (17,2%), la ultraderecha afronta ahora un difícil camino para lograr pactos que le permitan superar el umbral de los 42 escaños.
Para tomar las riendas del ejecutivo regional por primera vez en la historia del país, la formación ultraderechista explora dos vías.
El liderazgo del partido en el estado ha dejado abierta la puerta a mantener conversaciones con grupos reducidos o diputados independientes de otras formaciones que estén dispuestos a romper la disciplina de voto para completar los tres escaños que les separan de la mayoría. Su intención es ir hablando individualmente con cada uno de ellos para evitar el cordón sanitario.
La segunda vía puede resultar paradójica, pero es la única opción de alianza que tienen encima de la mesa. La cooperación con la izquierda nacionalista (BSW), formación de izquierda populista y nacionalista, que se ha perfilado como la única fuerza dispuesta a entablar diálogo. Claudia Wittig, cabeza de lista de BSW, ha confirmado que evaluarán sus apoyos "en función de los temas", abriendo la puerta a facilitar la investidura.
A pesar de situarse en extremos opuestos del espectro político tradicional, AfD y BSW coinciden en aspectos clave del debate público actual.
Ambas formaciones rechazan de forma contundente el envío de armamento y el apoyo financiero a Ucrania en su conflicto con Rusia, abogando por posturas soberanistas y de neutralidad.La cuestión migratoria se ha consolidado como el eje central de la agenda y tanto AfD como la escisión de izquierda que representa BSW mantienen una postura crítica hacia las políticas de asilo y la gestión fronteriza europea.
Sin embargo, las fricciones internas son evidentes. BSW ha supeditado su apoyo a la figura de un ministro presidente no partidista, condición que choca frontalmente con las aspiraciones de Siegmund. Por su parte, la dirección de AfD insiste en su preferencia por un gobierno en solitario, asegurando que no comprometerán su programa electoral por "juegos de poder" y advirtiendo que, de no lograr sus objetivos, prefieren el escenario de una repetición electoral.