No es la de los iraníes la única derrota que preocupa a Donald Trump. También están las algas. Sobre todo están las algas. Y aquí sí que no hay duda de que van ganando ellas. El presidente de EEUU ha vuelto a decir que no hay límites a su poder. Pero las algas no se intimidan fácilmente por mucho que Trump las amenace como ha hecho este fin de semana con los iraníes.
Ha amenazado con secuestrarlos (a los iraníes no a las algas). Les ha dicho en medio de las negociaciones de paz que como cierren Ormuz atacará Irán más fuerte todavía y que no podrán regresar a su maldito país. ¿Secuestro o exterminio? Total, que los iraníes se han enfadado, han cerrado Ormuz y se han retirado un rato de las negociaciones de paz.
Las algas, sin embargo, no dan un paso atrás. No hay más que ver cómo está el estanque más famoso de Washington, en el que Martin Luther King pronunció su discurso de 'Tengo un sueño'. Con lo de Irán hay división de opiniones. Con las algas, no. Trump está enfadando mucho incluso a sus propios seguidores.
Anda que no hay ejemplos de su arrogancia. De sus promesas fallidas y su capacidad para fingir que todo está bien. Pues con las algas del estanque del monumento a Lincoln no le funciona el truco. Porque las algas están a la vista de todos, no como los ayatolás. Trump se gastó más de 14 millones en el intento fallido de arreglar el estanque con un contratista amigo suyo y una licitación dudosa.
Luego la Casa Blanca tuiteó que el agua está cristalina, que habían vencido a las algas igual que a la Armada iraní. Pero ir al estanque es más fácil que ir a Ormuz. Y ver que tras las costosas obras, hay más algas verdosas que nunca. Fanfarroneó con resolverlo en 2 semanas. Él, que había construido más de cien piscinas, dijo. Prometió hacer lo que ningún otro había sido capaz de hacer. Igual que en Oriente Próximo pero con piscinas. Misma soberbia. Mismo resultado.
No puede mandar tanques
a resolver lo del estanque