Monólogo de Alsina

Alsina cuestiona las conspiraciones sobre el caso Zapatero: "La coherencia argumental de la izquierda se resiente"

El presentador de Más de uno ha criticado la teoría que ha planteado Enrique Santiago respecto al origen de la investigación contra José Luis Rodríguez Zapatero que sitúa a Donald Trump como el impulsor de la misma.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Al terminar de ver 'JFK', gran película, le pregunté a la persona que la había visto conmigo: "¿Qué, qué te ha parecido?" Me respondió: "Guau, por fin lo he entendido". "¿El qué?" "Pues cómo se pusieron de acuerdo la CIA, el FBI, el servicio secreto, la industria militar, la ultraderecha tejana, la Unión Soviética, Fidel Castro, los anticastristas y el Partido Republicano para deshacerse de Kennedy y sentar a Johnson en la Casa Blanca. Ah, y el presidente del Tribunal Supremo, Warren, encubriéndolo todo".

A ver, Oliver Stone no quiso dejarse un solo fleco conspirativo y le salió una ensalada tan completa como disparatada. Si había tanta gente, y tan diversa, en la conjura, es imposible que la conjura prosperara.

Admitamos que la conspiranoia no es patrimonio en 2026 de la extrema derecha. Igual que hay terraplanistas, antivacunas, gente convencida de que los pájaros son drones y de que a Kennedy lo mató Hoover, una parte de la izquierda española está doctorada en teorías conspirativas y manos negras sobre causas judiciales.

Tan fecundas las teorías que son capaces de reunir al juez Calama, el fiscal Luzón, manos limpias, la oposición venezolana, Víctor de Aldama, Ábalos, el hijo de Ábalos, la derecha política, la fachosfera, los felipistas, Cayetana, la Udef y Donald Trump en la conjura contra nuestro pana Zapatero.

Hay diputados españoles en 2026 que no titubean al señalar a Trump como culpable de la caída en desgracia de José Luis Rodríguez Zapatero con el único fin de crearle una crisis a Pedro Sánchez, la némesis europea de Trump y a la que el presidente de los Estados Unidos estaría decidido a extirpar de la Moncloa como si fuera Maduro en Miraflores.

El reputado estudioso de autos judiciales Enrique Santiago, líder del Partido Comunista de España -bueno, líder; secretario general-, que fue secretario de Estado, nada menos, (viceministro) en los tiempos de gloria de Ione Belarra, explicó ayer a los espectadores de la televisión oficial que a él esto de que no se sepa quién ha grabado a los de Plus Ultra es raro, raro, raro.

Alude este estudioso del caso Zeta Plus a las grabaciones que recoge el auto del juez Calama. Ocurre que en el auto, 90 páginas, no aparece la palabra grabación en ningún momento porque no se basa en ninguna grabación. Son mensajes, no grabaciones. O sea, correos electrónicos y whatsapps.

E incurre el diputado en el viejo truco de decir no conocemos -no conocemos cómo se hicieron, no sabemos si tenían autorización judicial- como si eso supusiera un agujero negro en la causa. Por decirlo de manera breve: que Enrique Santiago no sepa algo no significa que ese algo no exista. Tampoco es delito, eh, la ignorancia. No saber quién ha aportado a la UDEF un material sólo supone reconocer que el que habla no sabe y, a pesar de ello, habla. Habla del caso y siembra, naturalmente, sospechas de que pueda haber irregularidades.

Por decirlo de manera breve: que Enrique Santiago no sepa algo no significa que ese algo no exista

El mensaje conspirativo parece claro. Es Estados Unidos, el Estados Unidos de Trump, quien le ha puesto la proa a Zapatero para hacerle la puñeta a Pedro Sánchez. En coalición con la fiscalía anticorrupción de España, la policía española, un juez que le tiene ganas y un tal Julio Martínez Martínez, de quien esta izquierda tan combativa no dice nada pero que es quien ya fue detenido, registrado su despacho y su domicilio, y obtenida información sobre su relación y reuniones con Zapatero.

Todo legal, Santiago nos proteja, todo legal y como si este Martínez mereciera el mismo trato que cualquier otro investigado por delitos financieros por muy colega, compadre y pagador fuera del consultor Rodríguez Zapatero. Es en el mail de Martínez, por ejemplo, donde la UDEF localiza el listado de clientes de Análisis Relevante que Zapatero le envía (los clientes que el presidente dijo desconocer en este programa porque no era él quien se ocupaba de eso, él sólo era un consultor). Bueno, el consultor porque no consta que a nadie más se le consultara nada.

El problema para Zapatero no es Trump. El problema es el enjambre de sociedades por el que se va abriendo camino la UDEF y que tienen una actividad bien cortita pero una capacidad encomiable para pagar a precio de oro informes random y contratos de cartón piedra.

Es el caso de Inteligencia Prospectiva, empresa sin personal, sin recursos, sin sede, sin actividad comercial conocida, que a falta de ingresos iba haciendo ampliaciones de capital -o sea, iban poniendo dinero los socios venezolanos- para poder pagar a las hijas de Zapatero y a Análisis Relevante. Extraña empresa ésta que apenas tiene ingresos pero suelta medio millón de euros a una agencia de publicidad y creación de contenido para marcas.

¿Cuál era la marca de Inteligencia Prospectiva para la que había que crear contenido? Se ignora por completo. Pero las hijas, cobrar, cobraron. Y el problema no es tanto que cobraran sino que, al no saberse qué servicio prestaron, la sospecha es que el servicio de verdad por el que pagaban los venezolanos era la influencia de su padre ZP -su padre, nuestro pana- en la administración del Estado.

Un cierto desnortamiento sí se percibe en las proclamas en favor del ex presidente. Probablemente, y si pudiera, su abogado le pediría a este grupo de apóstoles lo mismo que le ha pedido a Zapatero, que se esté calladito hasta responder a las preguntas del juez y la fiscalía en el juzgado.

Parecería que más que en shock, a la izquierda a la izquierda de las izquierdas por la izquierda se le hubiera juntado Zapatero con el fiasco de las elecciones andaluzas y la autopromoción de Gabriel Rufián y llevara toda la semana sonada. Defienden a Zapatero diciendo cosas como otros ex presidentes también son lobistas y nadie les imputa nada -a ver, amigos, que Zapatero niega ser lobista y niega conocer de nada a Plus Ultra; consultor, repetid conmigo, él es consultor-.

Declara Pablo Iglesias que a él no le cabe en la cabeza que Zapatero haya sido tan tonto, tan torpe, tan imbécil como para influir en favor de Plus Ultra (se entiende, que dejando el rastro que ahora pueda inculparle). Con amigos como Pablo EnCanal uno no necesita enemigos. No da por hecha su integridad, da por hecha su astucia. Como defensa del amigo y mentor, es manifiestamente mejorable.

Es curioso, porque tras el secuestro de Maduro en Caracas, la tesis más extendida era que Zapatero susurraba en el oído de Marco Rubio y ejercía de arquitecto de la transición venezolana. Era Zapatero quien, consultado por los americanos (siempre la consultoría) habría hecho ver que el tapón era Maduro y que sacándolo de allí y coronando a los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, se abriría camino el casamiento entre el régimen chavista y el emperador trumpista y éste obtendría la tutela sobre el petróleo venezolano.

Estados Unidos se fiaba del amigo del alma de Delcy y Jorge, contaba con él para impulsar la amnistía y aligerar las cárceles de presos políticos. Pero, de pronto, es Estados Unidos quien decide acabar con su gurú en Venezuela porque está hasta las cejas de que Sánchez le toque a Trump los aranceles. No sé, la coherencia argumental se resiente. O afinan un poco el guion conspirativo, o se traen a Oliver Stone a Madrid, ahora que Pedro Almodóvar busca un alma gemela con quien ponerse a escribir una película potente.