Madrid |
La dirección popular ya sabia de antemano, cuando Feijóo anunciaba que había propuesto a su portavoz en el congreso que hiciera una ronda de contactos con los "socios del gobierno", que ninguno iba a cambiar de opinión a pesar de lo ocurrido ayer. En Génova 13 eran perfectamente conscientes de que no iban a mostrarse abiertos a apoyar una moción de censura y que en ningún caso iban a anunciar que dejaban de respaldar a Pedro Sánchez. Ya en la toma de contacto inicial, ninguno de los socios ha mostrado el más mínimo interés por abrir un diálogo. Algunos han denunciado que el PP actuaba de cara a la galería cegando cualquier posibilidad de entendimiento.
La intención del presidente del PP era evidenciar que "la vida política sigue igual", que nadie le vuelva a hablar en las próximas semanas de moción de censura, mucho menos durante el congreso que empieza este viernes en Madrid. Al mismo tiempo, se trata de seguir achicando el espacio de los socios; demostrar "la hipocresía de estos" incluso cuando la situación se vuelve "insostenible" para el Gobierno.
El movimiento de hoy responde a una estrategia a corto y a medio plazo. En el corto la idea es mantener la presión parlamentaria y medir "la dignidad" de la que los socios son capaces de dejarse en el camino a cambio de las cesiones de un "gobierno agónico". En el medio plazo se trata de buscar espacio electoral en las dos comunidades en la que los populares tienen mayores dificultades electorales, País Vasco y Cataluña. Sobre todo en la primera de ellas, donde quieren tratar de pescar en el caldero de los nacionalistas moderados a los que no les hace gracia esa subordinación del PNV a un PSOE "manchado de corrupción".
Desde Junts han querido quitarse presión y han planteado a los populares que si quieren hablar de "moción de censura" lo que tienen que hacer es viajar hasta Waterloo y negociarlo con Puigdemont. Los neoconvergentes ya sabían la respuesta de antemano, pero la confirmación de la negativa ha llegado de labios del portavoz popular, quien ha afirmado que tienen bastantes más escrúpulos que el PSOE y que no "no son como ellos".
Los populares tampoco se han olvidado de presionar a los parlamentarios socialistas, muchos de los cuales, según el PP, critican en privado "las tropelías" de la actual dirección socialista, pero callan y aplauden en público. Tellado ha criticado ese "silencio de los corderos" comparándolo con la dignidad que demuestran aquellos socialistas que ya no necesitan al partido para vivir como, sobre todo, el expresidente aragonés Javier Lambán o el expresidente del Gobierno Felipe González.