Marta García Aller exige al Gobierno "una transparencia de verdad" que vaya más allá de los documentos del 23F
La periodista ha señalado el oportunismo del Ejecutivo que "intenta gobernar tertulias" mientras sigue guardando bajo llave todo que sigue clasificado. Del GAL hasta sus vuelos del Falcon.
Hay diferentes maneras de ver la desclasificación de los documentos oficiales del 23F. Entre el 'ya era hora' y el 'por qué ahora'. Ambas compatibles. Ya iba siendo hora de que se desclasifiquen documentos de hace 45 años cuya ocultación seguramente protege menos al Estado que a las fantasías de los conspiranoicos.
En el 'por qué ahora' entraría la táctica. Llevamos ya muchos meses comprobando que, incapaz de gobernar un parlamento sin mayorías, el Gobierno intenta al menos gobernar tertulias. Un día nos entretiene con el 23-F, otro con las redes sociales o pasea a tres ministros con casco para anunciar medidas 'urgentes y contundentes' en vivienda que no llegan nunca. Lo mismo le vale Tejero que el cambio de hora. Un rato. El rato de que hablemos de ello.
Sin embargo, lo de hoy es más arriesgado. No por los secretos del 23F que desvele, sino por todos los que deja en el cajón. A veces, haciendo que hace, en vez de parecer que avanzamos, notamos más lo quietos que seguimos en esta legislatura estancada. Desclasificar hoy los papeles del 23F nos recuerda todo lo que sigue sin desclasificar. El presidente Sánchez nos decía ayer que en democracia "la memoria no puede estar bajo llave", pero se guarda esa llave para todo que sigue clasificado. Del GAL hasta sus vuelos del Falcon.
El Gobierno sigue teniendo pendiente aprobar en el Congreso de la nueva Ley de Secretos Oficiales, que permitiría desclasificarlos a los 45 años para todo, no solo para lo que le venga bien un lunes cualquiera al Ejecutivo de turno. Una transparencia de verdad no es a cuentagotas. Es una petición histórica del PNV a la que se comprometió Sánchez.
Desclasificar lo que quede oculto del 23F aclarará alguna sombra. Y ya era hora. A lo mejor también caen héroes que no lo fueron tanto y aparecen nuevos villanos. El caso es que la democracia española merece saber también lo demás. Está preparada para dejar caer sus mitos. Total, ni que nos quedara alguno en pie.
¿Moraleja?
No es para presumir de transparencia
desclasificar secretos por conveniencia