Lecciones del Challenger, 40 años después del accidente: prisas en NASA, una carta silenciada y el chivatazo de una astronauta en la sombra
Un vaso de agua helada bastó para explicar el peor accidente en la historia de la NASA. El 28 de enero de 1986, a las 11:39 de Florida (EE.UU.), siete astronautas perdieron la vida en la desintegración del transbordador Challenger, una tragedia que pudo evitarse. 🎧 Esto no ha pasado 1x07: Vida y muerte en el espacio.
Madrid |
Hace ahora 40 años, la misión STS-51-L se desvanecía 73 segundos después del despegue ante los ojos de millones de estadounidenses, que lo seguían por televisión. Lo que entonces parecía un fallo inexplicable era una catástrofe anunciada punto por punto en un memorando que la NASA ignoró, según se narra en el episodio 7 del pódcast de Onda Cero y Newtral 'Esto no ha pasado', de la mano del experto aeroespacial y biólogo Josep Calatayud ('Control de Misión').
Seis meses antes, el ingeniero Roger Boisjoly había escrito un memorando profético: "Tengo un temor sincero y real de que si no tomamos medidas inmediatas corremos el peligro de perder un vuelo junto con todas las instalaciones de la plataforma de lanzamiento". Se refería a una pieza concreta en la misión del Challenger, una junta tórica plástica (una especie de arandela de goma grande entre las etapas del cohete) que debía mantener los gases de los motores de propulsión sólida retenidos, a pesar de las condiciones extremas del lanzamiento.
Josep Calatayud comenta a Mario Viciosa que "cualquier misión tripulada hoy es muy difícil que salga mal. En la NASA, todos los sistemas tienen que tener un plan de contingencia, no uno, sino dos, tres y cuatro. Es la llamada redundancia". Pero en 1986, la "cultura organizacional" era distinta y aun sabiendo del riesgo de una pieza concreta, como en los lanzamientos anteriores del Challenger no había ocurrido nada, se asumió que no era tan relevante. Pero, como diría más adelante el premio Nobel de Física y comisionado de la investigación Richard Feynman, "la naturaleza no se deja engañar".
La noche previa al despegue del Challenger, con temperaturas cercanas a cero grados en Cabo Cañaveral, Boisjoly y otros cuatro ingenieros intentaron detener la misión. Sabían que las juntas se volvían rígidas con el frío. Pero la NASA acumulaba retrasos y un ejecutivo del proveedor 'Morton Thiokol' zanjó el debate: "Quítense el traje de ingenieros y pónganse el de mánagers".
La verdad salió a la luz gracias a Feynman y a una astronauta en la sombra. El físico, con cáncer terminal, demostró ante las cámaras que la goma del Challenger, sumergida en un vaso de agua helada, perdía su elasticidad. La información se la había filtrado Sally Ride, la primera estadounidense en el espacio, que nunca reconoció públicamente su papel ni su relación de 27 años con su novia, Tam O'Shaughnessy. En la NASA de los ochenta, ser mujer ya era obstáculo suficiente como para sumar una relación homosexual. Este episodio de 'Esto no ha pasado' recrea los momentos claves de una investigación que habían quedado ocultados durante años.
La nueva era dorada de la exploración en busca de vida extraterrestre también tiene riesgos
Cuatro décadas después, la exploración espacial ha cambiado radicalmente. Calatayud subraya que tragedias como la del Challenger "hicieron mejorar todos los procedimientos que se utilizan ahora. Las misiones espaciales son muy, muy seguras hoy en día. No hay tanta prisa", como demuestran los recurrentes retrasos de lanzamientos "cuando no se está 100% seguro". En 1985, en plena carrera contra la URSS, esto no era así.
El panorama actual también ha mutado en sus actores. NASA, SpaceX, Blue Origin… "Cada día hay un lanzamiento de cohetes y estamos viviendo una nueva época dorada de la exploración espacial", señala Calatayud. Y entre las prioridades científicas, la búsqueda de vida extraterrestre ha cobrado un protagonismo inédito.
"Yo siempre he sido muy pesimista con el hecho de encontrar vida fuera de la Tierra, pero recientemente hemos tenido noticias increíbles", reconoce. "En unas muestras del asteroide Bennu se descubrieron las cinco bases nitrogenadas que forman los bloques básicos de la vida. Eso da más pie a la teoría de la panspermia: que ingredientes vida vinieron del espacio".
Esta posibilidad obliga a implementar rigurosos protocolos para evitar otro tipo de accidentes. "Si estamos buscando vida en Marte, sería importante no contaminar esos mundos con vida traída desde la Tierra", advierte Calatayud. "Podríamos encontrar vida que realmente hemos llevado nosotros", como también comentaba la bióncóloga y astronauta Sara García Alonso en el capítulo 1 de 'Esto no ha pasado'.
Existen protocolos para evitarlo, pero hace 50 años, en las misiones Apolo "íbamos un poco a lo loco". Hoy hay medidas estrictas para evitar estos y otros accidentes, pero "no se puede controlar nunca todo". Calatayud reconoce que, ante la cantidad de misiones que se lanzan en la actualidad, es inevitable que, por desgracia, volvamos a ver un accidente". Quizás no como el que rodeó a la negligencia y secretismo inicial del Challenger, pero no menos perturbador si, como dijo Faynman, se tratan de "engañar a la naturaleza".