El microbiólogo Ignacio López-Goñi llama a la calma ante el brote de hantavirus: “No es un virus pandémico”
El reciente brote del denominado virus Andes, una variante del hantavirus detectada en un barco procedente de Argentina, ha despertado recuerdos inevitables de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, López-Goñi asegura que se trata de un virus conocido desde hace años, con una transmisión muy limitada entre personas y sin capacidad pandémica.
Pamplona / Iruña |
El brote de hantavirus detectado en un barco procedente de Argentina ha provocado inquietud en los últimos días y ha reavivado el recuerdo de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, el microbiólogo y catedrático de la Universidad de Navarra Ignacio López-Goñi ha insistido en Onda Cero Pamplona en que no estamos ante un virus con capacidad pandémica y ha pedido evitar el alarmismo y dejar trabajar a la ciencia.
Durante una entrevista en Onda Cero junto al astrofísico Javier Armentia ha señalado que una de las lecciones de la COVID debería haber sido aprender a manejar mejor la incertidumbre y evitar las especulaciones. Ambos coincidieron en destacar la importancia de ofrecer información contrastada frente al miedo y la desinformación.
López-Goñi ha explicado que el llamado virus Andes no es nuevo. Se trata de una variante del hantavirus, conocido desde hace décadas y estudiado por la comunidad científica. Según detalló, existen dos grandes grupos de hantavirus: los del “Viejo Mundo”, presentes en Europa y Asia y asociados sobre todo a problemas renales, y los del continente americano, más peligrosos porque pueden provocar síndromes respiratorios graves.
La variante Andes, detectada en Sudamérica, tiene una particularidad: aunque la transmisión habitual del hantavirus es a través de roedores silvestres, en este caso sí se han descrito contagios limitados entre personas. Aun así, el experto ha insistido en que no se trata de una transmisión comparable a la gripe o la COVID, ya que el virus no se propaga fácilmente por aerosoles ni genera cadenas masivas de contagio.
El reservorio natural del virus son pequeños roedores silvestres, especialmente el conocido “ratón colilargo”. Las infecciones humanas suelen producirse al inhalar partículas contaminadas en lugares donde han estado estos animales, como almacenes o cabañas cerradas. En circunstancias excepcionales puede haber transmisión directa entre personas mediante contacto muy estrecho, por ejemplo a través de la saliva.
El caso concreto del barco, según ha explicado López-Goñi, reúne unas condiciones muy excepcionales. Más de un centenar de personas convivieron durante semanas en un espacio cerrado y en contacto continuo. El matrimonio afectado probablemente se contagió durante un viaje previo por Argentina y embarcó sin síntomas debido al largo periodo de incubación del virus. A partir de ahí, el contacto estrecho y prolongado habría favorecido algunos contagios puntuales.
El microbiólogo ha subrayado que, precisamente por su limitada capacidad de transmisión, este tipo de brotes son relativamente fáciles de controlar mediante vigilancia, aislamiento y seguimiento de contactos. Aunque admitió que la enfermedad puede llegar a ser grave y tener una elevada mortalidad en determinados pacientes, especialmente personas mayores o con patologías previas, ha insistido en que el virus no figura entre los posibles candidatos a provocar una pandemia global.
La conversación ha concluido con un mensaje de calma. Tanto Armentia como López Goñi reconocieron que es normal sentir inquietud tras la experiencia de la COVID, pero defendieron la necesidad de confiar en los expertos y contextualizar correctamente cada situación sanitaria. “No es el prototipo de virus pandémico”, resumió López-Goñi, quien reiteró que la clave está en la vigilancia rápida y en evitar reacciones desproporcionadas.