Depresión postvacacional: "Es como un lunes por la mañana multiplicado por diez, pero es pasajero"
El doctor Javier Schlatter, especialista en Psiquiatría y Psicología de la Clínica Universidad de Navarra, nos ofrece algunos consejos para superar los primeros días de vuelta a la rutina tras las vacaciones.
Pamplona / Iruña |
Con la llegada de septiembre, la vuelta al trabajo o a los estudios marca el regreso a la rutina. En este contexto, surge con frecuencia el debate sobre la llamada “depresión post-vacacional”. El doctor Javier Schlatter, especialista en Psiquiatría y Psicología de la Clínica Universidad de Navarra, explica en Onda Cero que este término no se corresponde con una depresión real, aunque comparte algunos síntomas con ella.
Según el experto, la depresión post-vacacional no alcanza la intensidad ni la duración de un cuadro depresivo clínico. Se trata más bien de una reacción transitoria ante el cambio brusco de ritmo: pasar del descanso, los horarios flexibles y la ausencia de presión a un entorno de obligaciones, prisas y exigencias. Entre los síntomas más habituales se encuentran la apatía, la falta de motivación y el cansancio, incluso después de haber descansado.
El cerebro, recuerda Schlatter, tiene memoria del estrés vivido en etapas previas. Así, al enfrentarse de nuevo a situaciones de tensión, se activa en modo defensivo, lo que genera una rápida sensación de agotamiento. Esta reacción, unida a la apatía, puede intensificar el malestar en los primeros días.
Para hacer más llevadera la transición, el especialista recomienda prepararse en los últimos días de vacaciones ajustando horarios, retomando progresivamente algunas rutinas y visualizando el regreso. También puede ayudar reincorporarse a mitad de semana o comenzar con una carga de trabajo más ligera. A nivel práctico, conviene no procrastinar en exceso, pero sí priorizar lo esencial y posponer lo que no sea urgente para preservar tiempo de descanso, ejercicio y ocio.
Además, es importante mantener espacios de tiempo libre en los primeros días, que recuerden la sensación de bienestar de las vacaciones y faciliten la adaptación. En la mayoría de los casos, estos síntomas desaparecen al cabo de pocos días, cuando el cuerpo y la mente se adaptan de nuevo al ritmo habitual.
No obstante, en personas con antecedentes de problemas emocionales, el inicio del curso puede acentuar los síntomas de ánimo bajo. Aunque los casos de personas que se encontraban bien y empeoran de golpe son poco frecuentes, sí se observa un repunte de consultas en septiembre.
En conclusión, la llamada depresión post-vacacional no es un trastorno grave, sino un proceso pasajero comparable al arranque de una contrarreloj ciclista: las primeras pedaladas cuestan más, pero pronto se recupera el ritmo. La rutina, además, también aporta estabilidad y orden, elementos positivos para el bienestar.