Universo Maite:así se vivía el luto y el culto a la muerte en la Huerta de Murcia
Desde el teñido doméstico de las prendas hasta la transformación radical de las viviendas con espejos cubiertos y platos boca abajo, las antiguas costumbres del duelo murciano configuraron un complejo ritual comunitario marcado por el sonido de las campanas, las salves de los Auroros y el amparo a las Ánimas Benditas. Te lo contamos en Universo Maite, el espacio de divulgación de Confitería Maite con Tomás García, documentalista, investigador y referente de la música tradicional, y los ritos de la Región de Murcia.
Murcia |
En la tradición etnológica española y, de manera singular, en la Huerta de Murcia, la muerte no constituía únicamente un suceso íntimo o privado, sino un acontecimiento profundamente comunitario regido por estrictos códigos culturales y religiosos. Ante el fallecimiento de un vecino, el dolor movilizaba a toda la pedanía o carril, donde la solidaridad se traducía en acompañamientos nocturnos y velatorios colectivos.
Durante estas extensas veladas, las familias vecinas aportaban sus propias sillas para acomodar a los visitantes y preparaban tazas de tila y caldos reconstituyentes, como el tradicional caldo de gallina o de difuntos, para sostener a los dolientes durante la noche. En diversas zonas rurales era habitual contratar o convocar rezadoras y plañideras para mantener la elevación de oraciones y el llanto ritual durante las veinticuatro horas que se prolongaba la capilla ardiente.
La vivienda transformada: el espacio doméstico bajo el yugo del duelo
La irrupción del luto alteraba de forma inmediata la fisonomía y el funcionamiento del hogar huertano. Como parte de un ritual destinado a evitar reflejos o influencias supersticiosas del más allá, se procedía a cubrir o voltear los espejos de las habitaciones, volver los cuadros y retratos familiares cara a la pared y retirar todo objeto de menaje, cobre o metal que pudiera reflejar la luz.
En la cocina, los platos y vasijas del vasar o aparador se colocaban minuciosamente boca abajo y las guitarras e instrumentos musicales de los varones se guardaban en el fondo de las arcas. Asimismo, se mantenían las persianas caídas y los portones entornados como señal exterior de respeto e invitación a la visita de pésame del vecindario.
El imperio del negro: el estricto código de vestimenta
La indumentaria femenina representaba la manifestación más rigurosa y prolongada del duelo. La costumbre dictaba tres años de luto cerrado por la muerte de los padres, dos por la de un hermano y uno por la de un abuelo, si bien en el caso de las viudas el uso del negro solía mantenerse de por vida. Ante un fallecimiento repentino, la ropa de la familia (incluyendo vestidos, calzado, alpargatas e incluso cortinas) se teñía al fuego en calderos domésticos.
Las mujeres cubrían completamente su cabello con pañuelos negros calados hasta las cejas o mantos de crespón y velos como la llamada "pena", vistiendo en ocasiones túnicas y hábitos religiosos de la Virgen del Carmen o de Jesús Nazareno. Por su parte, los hombres adaptaban su atuendo sustituyendo los botones de sus camisas por otros negros o incorporando brazaletes y tiras oscuras en la solapa de la chaqueta.
Prohibiciones cotidianas y la llegada del 'alivio de luto'
El luto riguroso imponía severas privaciones en la vida cotidiana y festiva de la familia. Durante este periodo estaba prohibido elaborar dulces tradicionales de Navidad (como buñuelos o huesos de santo), realizar la matanza del cerdo y participar en actividades públicas, bailes populares como el tradicional Baile de Inocentes, funciones de teatro o corridas de toros.
Transcurrido el tiempo preceptivo, la familia accedía progresivamente al denominado 'alivio de luto', etapa en la que se suavizaba el vestuario permitiendo matices de color gris, lila o violeta antes de retornar al vestuario ordinario.
El paisaje sonoro: campanas, heraldos y la Aurora murciana
La comunicación de la muerte en la huerta dependía de un elaborado lenguaje sonoro. El toque de las campanas parroquiales permitía a los habitantes identificar el sexo y la edad del fallecido mediante variaciones específicas en el número de clamores. Posteriormente, la noticia se difundía en pueblos y pedanías a través de vehículos con megafonía (conocidos como los "coches de los muertos" o heraldos), que anunciaban el sepelio mencionando el apodo familiar del finado.
A este entorno sonoro se sumaban las Hermandades de Ánimas y las Campanias de Auroros, cuyos coros masculinos entonaban de madrugada salves de difuntos a capela, guiados únicamente por el ritmo rítmico de una campanilla y la luz de un farol nocturno.
Echar el alboroque: la despedida ritual en la taberna
Tras concluir la conducción del cadáver y el entierro en el cementerio, se mantenía la arraigada costumbre del alboroque. Los acompañantes y amigos del difunto se reunían en la taberna para compartir unas rondas de vino en su memoria, vertiendo previamente unas gotas de la bebida en el suelo a modo de ofrenda bajo la fórmula tradicional: "Estas lagrimicas por el difunto".
Aunque la consolidación de los tanatorios modernos ha atenuado estas prácticas comunitarias, la memoria del luto en la Huerta de Murcia constituye un patrimonio etnológico fundamental para comprender la relación histórica de la sociedad murciana con el duelo y el recuerdo a sus antepasados.
El espacio de divulgación Universo Maite es una idea de Confitería Maite para Más de uno Murcia
Retrato post mortem de una niña pequeña en una cama
Archivo General de la Región de Murcia
Fotografía post mortem de María Dolores Fernández Díaz, madre de Dictinio de Castillo-Elejabeytia Fernández, realizada por el fotógrafo Pascual Rey, de Ferrol
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de un niña en una cama grande con cojines
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de un niño pequeño
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de una joven en una cama
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de un niño en su cuna
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de un niño en brazos de su padre
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de una pareja de siameses de pocos meses unidos por el torso
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de una mujer en cama con los ojos abiertos
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de un bebé acompañado por sus cuatro hermanas mayores
Archivo General de la Región de Murcia
Retrato post mortem de una mujer en su féretro, acompañada de un grupo de familiares
Archivo General de la Región de Murcia