Desde ADENEX (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura) se denuncia públicamente una situación que, de no ser tan grave, rozaría el esperpento: el Ayuntamiento de Badajoz ha iniciado la plantación de 275 árboles en plena ola de calor estival, con temperaturas que superan los 40 °C, en las principales avenidas de la ciudad. Una intervención “verde” que ni es técnica, ni ecológica, ni sensata, y que ya empieza a mostrar sus consecuencias más previsibles: árboles mustios, secos o inclinados tras apenas una semana de haber sido colocados en el asfalto ardiente.
La actuación, anunciada con entusiasmo en agosto del pasado año como parte de un plan para dotar de sombra y mejorar el confort térmico urbano, financiada con una partida de casi 90.000 euros, contemplaba la colocación de 275 árboles en cinco grandes avenidas de Badajoz que carecían históricamente de sombra. En palabras del propio Ayuntamiento, se garantizaban ejemplares con un perímetro de tronco de entre 18 y 20 cm, riego automatizado, tutores dobles de dos metros de altura, sujeciones de goma y plantación con tierra vegetal de calidad para asegurar su desarrollo.
Sin embargo, lo que se ha podido comprobar in situ es un espectáculo desolador: árboles enclenques con troncos de poco más de 9 cm, sujetos por cañas finas que no sostendrían ni una tomatera, y atadas con plásticos de dudosa utilidad. Algunos ya están visiblemente secos y doblados con la primera brisa. Todo ello, tras apenas unos días en suelo urbano abrasado por el calor.
Plantando árboles en pleno julio, lo único que se garantiza es su muerte. Desde ADENEX recuerdan que la época adecuada para plantar árboles es el otoño o el invierno, cuando el estrés hídrico es menor y las temperaturas favorecen el arraigo. Actuar de otro modo, como ha hecho el consistorio, no solo es ineficaz, sino que constituye una forma de maltrato vegetal, una ofensa a la inteligencia y un despilfarro que compromete el patrimonio ambiental de la ciudad.
Pero esta no es solo una crítica al calendario. Lo que más preocupa es la visión decorativa y superficial del arbolado urbano, como si los árboles fuesen mobiliario de quita y pon, en lugar de seres vivos con funciones ecosistémicas clave: mitigan el efecto isla de calor, capturan CO₂, filtran contaminantes, generan biodiversidad urbana, regulan el ciclo hídrico y ofrecen sombra y bienestar térmico a la población.