El consumo de productos ultraprocesados, snacks, dulces y bebidas azucaradas se ha convertido en una práctica cada vez más común y habitual para los adolescentes. Esto lo ha revelado un estudio realizado por Alma María Palau Ferré, profesora del grado en Nutrición de la Universidad Católica de Valencia, que ha analizado la alimentación y la alfabetización alimentaria de 350 estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria.
Este miércoles en Más de Uno Valencia, Palau ha explicado que, aunque los adolescentes cuentan con conocimientos suficientes para identificar una alimentación saludable, esa información no siempre se traduce en decisiones adecuadas.
Según la investigación, el entorno familiar es el principal factor que condiciona sus hábitos, mientras que la educación sigue centrándose en explicar qué alimentos son saludables sin enseñar cómo aplicarlo en el día a día. A ello se suma la influencia de las redes sociales y la publicidad, que dificultan una visión crítica sobre el consumo y el etiquetado de los productos.
La reducción del consumo de alimentación saludable tiene efectos negativos tanto a corto como a largo plazo. Así, la profesora advierte de que ese progresivo abandono de la dieta mediterránea puede favorecer la aparición temprana de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, el colesterol elevado o el hígado graso, patologías que hasta hace unos años eran más habituales en la edad adulta.