opinión

El verdadero debate sobre la inmigración

Con Javier Arias Artacho, profesor y escritor

Luis Méndez

La Ribera |

Javier Arias Artacho

Ousman Umar abandonó su aldea en Ghana y atravesó el desierto del Sáhara, pero fue abandonado por unos traficantes. De los 46 que lo acompañaban solo sobrevivieron 6. Uno de ellos, él. Ousmán cruzó ocho países y después de cinco años de hambre, golpes y pseudoesclavitud, consiguió mil ochocientos dólares para que lo dejaran en una playa mauritana construir una patera con sus manos y lanzarse al mar. La primera embarcación en la que iba su amigo se hundió nada más adentrarse al agua y se ahogaron porque no sabían nadar. La suya tuvo que regresar antes de que se hundiera, pero lograron construir otra y, como quien se apunta con una pistola en una ruleta rusa, estuvo 48 horas en el limbo de la muerte, casi a la deriva, pero la suerte que se le niega a miles que mueren, la tuvo él y llegó a Fuerteventura. Habían pasado 5 años. Cuando se fue de Ghana, Ousman Umar apenas tenía 12.

Aquel trayecto fue un infierno, pero este intrépido ghanés cuenta que los dos meses en las calles de Barcelona comiendo de la basura y ante el menosprecio y la falta de humanidad de la gente también fue un bofetón difícil de digerir. El estado español le abría sus fronteras, pero lo abandonaba en las calles a su suerte, como a un perro. Solo cuando la mano de Dios lo estrechó fuerte y una mujer le salió al encuentro para acogerlo, Ousman pudo chapotear en su dolor y llorar preguntándose qué había hecho él para haber merecido todo aquello. Su historia, años después consiguió llegar a las librerías con el título Viaje al país de los blancos y, recientemente, se estrenó la película con el mismo título, donde él mismo actúa como protagonista.La historia de Ousman Umar es para leerla, escucharla y compartirla, pero la fuerza de este hombre es aún más admirable. Es la vida de un resiliente que luchó para integrarse en la sociedad española hasta fundar NASCO Feeding Minds, una organización que promueve la educación digital en Ghana y que da oportunidades de trabajo en su país natal sin obligarlos a jugarse la vida. Después de años de emprendimiento, Ousman Umar ha sido capaz de llegar a algunas conclusiones que pueden apartar algo de luz dentro del panorama migratorio actual. En primer lugar, cree que jamás hubiese abandonado su aldea natal de haber sabido el sufrimiento que le deparaba el destino. No es capaz de explicar cómo consiguió sobrevivir, pero sí está convencido de que la mayoría que emprende esta trágica aventura no imagina lo que les espera por el camino. En segundo lugar, mantiene que la gente migra forzadamente, por falta de oportunidades, y que Europa no es el paraíso que ellos imaginan. Por ello, su proyecto vital no solo es dar voz a quienes no la tienen, sino también defender que la migración no es la solución a los problemas de África y que la educación es la mejor herramienta de transformación social. Está convencido de que su continente está lleno de talento y que hay que generar oportunidades en los países de origen. Según él, no se trata de dar los peces que nos sobran, sino de enseñar a pescar y apostar por ellos.

La inmigración es una realidad que se ha politizado y que es difícil de afrontar si uno no se desprende de ideologías y fanatismos. Las políticas de puertas abiertas no solo son imposibles e injustas, sino que no están diseñadas para abordar el problema. Solo son parches que se emprenden para salir del paso y que no contienen verdaderas soluciones de futuro. Las fronteras deberían ser respetadas y cualquier gobierno tiene la obligación de garantizar que las leyes y las normas funcionan y no dedicarse a hacer demagogia. Sin embargo, tal como también señala Ousman Umar, no se puede perder el sentido de la humanidad ante el sufrimiento humano, porque esta es otra tragedia. No se puede mirar hacia otro lado como sociedad. Es por ello que es urgente y necesario que Europa abra un debate real sobre lo que está sucediendo y no esquivar un verdadero diálogo mientras miles de vidas se pierden en el fondo del mar y otros llegan sin control.

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