Los presentimientos, ¿un sexto sentido? o atajos del cerebro
Con Edgar Bresó, profesor y psicólogo
La Ribera |
Hoy en Psicología de andar por casa vamos a hablar de una experiencia que a todos, en mayor o menor medida, nos ha pasado alguna vez. Vas a tomar una decisión —firmar un contrato, cambiar de ruta en el coche— y de repente sientes un "nudo en el estómago" que te dice: “Ojo, por ahí no”. O te acuerdas de alguien a quien hace tiempo que no ves y, a los cinco minutos, te suena el teléfono y es esa persona.
A menudo a esto lo llamamos corazonada, intuición o incluso "sexto sentido". Pero, ¿realmente nuestro cerebro tiene la capacidad de predecir el futuro o simplemente nos está jugando una trampa? Para hablar de ello nos acompaña hoy, como siempre, nuestro psicólogo de guardia, Edgar Bresó. Bienvenido, Edgar.
Muchas gracias, Luís. Un placer estar aquí de nuevo para hablar de un tema que, es cuanto menos, curioso: la ciencia que hay detrás de los presentimientos.
Empiezo con una pregunta directa, Edgar: ¿existen los presentimientos como algo mágico o todo tiene una explicación psicológica y digamos… racional?
Pues mira, lamentablemente… tengo que decir que tanto la psicología como la neurociencia nos dicen que no hay nada de mágico ni sobrenatural, pero sí que hay algo y a esto lo llamamos procesamiento de información implícito e inconsciente.
Nuestro cerebro es un procesador masivo de datos. A lo largo del día capta miles de estímulos a los que prestamos atención pero también hay otras microseñales a las que no prestamos atención consciente: la postura corporal de una persona, una microexpresión facial, un ligero cambio en el tono de voz o algunos pequeños detalles en el entorno... Todo eso entra a nuestro "disco duro" sin que nos demos cuenta.
De este modo, cuando el cerebro detecta un patrón basado en nuestra experiencia previa, nos envía un mensaje relámpago. Y como este mensaje no va acompañado de un razonamiento lógico paso a paso, nosotros lo percibimos como "un pálpito" o un presentimiento.
La verdad es que me parece curioso. O sea, que cuando decimos que sentimos "una corazonada en el estómago" o que "se nos encoge el pecho", ¿Podríamos decir entonces que el cuerpo está reaccionando a esa información que la mente ha procesado sin avisarnos?
¡Exactamente! Y aquí entra uno de los hallazgos más importantes de la neurociencia, formulado por Antonio Damasio: la hipótesis del marcador somático.
"Marcador somático"... La expresión suena bastante técnica, Edgar. Explícanos esto de forma "de andar por casa".
Es muy sencillo, Luís. "Somático" viene del griego soma, que significa cuerpo. Damasio descubrió que, ante decisiones complejas, el cerebro no solo analiza datos fríos, sino que recurre a los recuerdos emocionales de lo que vivimos en el pasado.
Y para ayudarnos a decidir rápido sin saturarnos, el cerebro le envía una señal instantánea al cuerpo: un cambio en la frecuencia cardíaca, una tensión muscular o esa típica contracción en el estómago. Ese estado corporal es el "marcador". Funciona como un semáforo biológico: si la señal física es incómoda, te advierte: “¡Cuidado, esto no salió bien en el pasado!”; si es agradable, te dice: “¡Adelante!”. Es un atajo para actuar con rapidez.
O sea que, en cierto modo, el cuerpo se convierte en la pantalla donde el cerebro proyecta sus conclusiones antes de que sepamos explicarlo con palabras.
Totalmente. Pero ojo, Luís, no es infalible. A veces estos presentimientos nos engañan. ¿Por qué? Porque entran en juego los famosos heurísticos o sesgos cognitivos de los que hemos hablado otras veces.
¿Cómo nos la juegan los sesgos ahí, Edgar?
Principalmente de dos formas:
1. El sesgo de confirmación: Imagina que pensamos en una persona y justo ese día nos llama (cuando hacía meses que no hablábamos con él o con ella). Nos acordamos de la única vez que dijimos "sabía que me iba a llamar" y nos llamó, pero olvidamos por completo las noventa y nueve veces que tuvimos una corazonada y no ocurrió nada.
2. El sesgo de retrospectiva: Una vez que algo sucede, el cerebro reescribe el recuerdo y nos convence de que "en el fondo yo ya lo sabía", cuando en realidad no teníamos ni idea.
Claro, el cerebro siempre buscando patrones y queriendo tener la razón... Entonces, la gran pregunta que se estará haciendo la audiencia que nos escucha en el coche o en casa: ¿Deberíamos hacerle caso a nuestras corazonadas o es mejor dejarlas de lado y guiarnos solo por la lógica?
Depende de dos cosas: tu experiencia previa y tu estado emocional.
¿Cuándo SÍ es fiable? La intuición es excelente en terrenos donde tenemos mucha experiencia acumulada. Un médico con veinte años de práctica, un bombero en un incendio o un ajedrecista experimentado pueden tener un "pálpito" de lo que va a pasar y acertar.
Ahí, el marcador somático está superentrenado. La intuición es, en realidad, experiencia condensada.
¿Cuándo NO es fiable? En situaciones nuevas, en entornos dominados por el azar (como los juegos de azar o inversiones arriesgadas) o cuando la corazonada proviene de la ansiedad.
Entonces ¿Cómo podemos diferenciar en el día a día una intuición real de un ataque de ansiedad o miedo?
Es una distinción clave, Luís. La intuición suele ser rápida, serena y clara. Te da una dirección rápida ("espera" o "avanza") sin enredarte en pensamientos. La ansiedad, en cambio, viene acompañada de rumiación, angustia, pensamientos catastróficos y un malestar que se alarga. La ansiedad no predice el futuro; sólo refleja nuestro nivel de estrés.
Pues me parece una buena lección para nuestra audiencia: aprender a escuchar el cuerpo, pero diferenciando el miedo de la verdadera intuición. Edgar, para ir cerrando el programa de hoy, ¿qué idea o consejo práctico le dejamos a los oyentes?
Pues le propondría a la audiencia tres pautas muy sencillas para aplicar desde hoy:
1. Aprende a percibir las señales de tu cuerpo: Como siempre decimos en este espacio, todo empieza por percibir. El marcador somático es una señal de aviso, no
una verdad absoluta. Nota si hay tensión, aceleración o nudo en el estómago, pero no te precipites.
2. Filtra la corazonada según tu experiencia: Si el pálpito aparece en un terreno que dominas (tu trabajo, tu profesión), dale crédito. Si ocurre en algo desconocido o en temas de suerte, contrástalo siempre con datos racionales.
3. Pregúntate: ¿es intuición o es miedo?: Si la sensación te genera bucles de angustia y pensamientos del tipo "¿y si pasa algo malo?", probablemente es ansiedad, no un presentimiento.
Pues nos quedamos con esa lección: la próxima vez que sienta un pálpito antes de tomar una decisión, le preguntaré a mi cerebro qué datos inconscientes ha estado guardando antes de creerme adivino.
Edgar Bresó, como siempre, un verdadero placer hablar contigo de nuevo. Muchas gracias y nos escuchamos muy pronto.
Muchas gracias a ti, Luís. ¡Un saludo a todos los oyentes y hasta la próxima!