psicología de andar por casa

“Aburrimiento” El Estrés del Silencio

Con Edgar Bresó, profesor y psicólogo

Luis Méndez

La Ribera |

Edgar Bresó

Hoy nos traes un tema que, de entrada, suena a paradoja. Muchos sueñan con "no tener nada que hacer" en el trabajo, pero tú lo defines como una fuente de estrés: el aburrimiento laboral.

Como dice la canción que acabamos de escuchar, pasamos de un mundo donde todo era "maravilloso" a uno donde solo se nos pide ser lógicos, responsables y, a menudo, monótonos. ¿Cómo es posible que "no hacer nada" termine quemándonos?

Muy buenas, Luís. Efectivamente, cuando hablamos de estrés, tenemos tendencia a pensar en una persona súper ansiosa, con muchas tareas que hacer y poco tiempo. Y eso es cierto, pero tengo que decirte que el estrés no es realmente tener mucho o poco que hacer. El estrés es el DESEQUILIBRIO entre lo que podemos hacer y lo que debemos hacer, y, en este sentido, tan estresante es tener mucho que hacer y poco tiempo (o poca capacidad) para hacerlo, como tener muy poco o nada que hacer y mucho tiempo (o mucha capacidad) para hacerlo… Y como sé que a ti te encantan los anglicismos, te contaré que en psicología a este aburrimiento laboral lo conocemos con el nombre de Boreout. Es un estado de estrés crónico provocado no por exceso de trabajo, sino por todo lo contrario: la falta de retos, de estímulos… y, sobre todo, de sentido.

O sea, que no es tener un trabajo poco motivador o interesante… no es simplemente estar aburrido una tarde puntual… Es algo más ¿no?

Exacto. Aquí está la clave. No hablamos de “me aburro hoy porque tengo poco trabajo”, sino de algo mucho más profundo y sostenido en el tiempo. Este aburrimiento implica tres elementos principales:

Infraexigencia: tareas demasiado simples o muy escasas.

Desinterés: lo que haces no te motiva.

Falta de propósito: sientes que tu trabajo no sirve para nada.

Y esto tiene como consecuencia la desmotivación, baja autoestima profesional, sensación de inutilidad… e incluso síntomas físicos similares a los del burnout, como cansancio o ansiedad.

Interesante… Entonces, ¿qué tipo de trabajos tienen más riesgo de provocar este “estrés por aburrimiento”?

Hay tres perfiles bastante claros:

Tareas monótonas y repetitivas: como en cadenas de montaje o vigilancia. El cerebro necesita novedad, y cuando no la hay, se “apaga”.

La sobrecualificación: personas muy preparadas haciendo tareas muy básicas. Ahí se frustra el deseo de crecer, y ese “motor interno” acaba gripándose.

Puestos con funciones poco claras: donde pasas el día esperando instrucciones que no llegan. La falta de control genera una incomodidad profunda.

Pero esto suena casi contradictorio… ¿Hay estudios que demuestran que aburrirse en el trabajo puede ser tan perjudicial?

Sí, y cada vez más. La investigación en el ámbito de la salud laboral ha demostrado que cuando una persona no está estimulada cognitivamente, su nivel de bienestar cae de forma significativa.

También hay investigaciones que indican que el aburrimiento crónico en el trabajo está asociado con:

-Mayor riesgo de depresión,

-Menor autoestima,

-Incluso hay estudios longitudinales que han encontrado relación entre trabajos poco estimulantes y peor salud a largo plazo. Es decir, no es un capricho… tiene impacto real

Vale, entonces… si alguien nos está escuchando y se siente identificado… ¿qué puede hacer?

Buena pregunta. Aquí van algunas ideas prácticas, tanto para empleados como para empresas.

Primero, a nivel individual:

-Buscar micro-retos: aunque el trabajo sea limitado, intentar introducir mejoras, aprender algo nuevo o proponer cambios.

-Hablar con el responsable: muchas veces no se comunica por miedo, pero expresar que puedes asumir más responsabilidades es clave.

-Formación: aprovechar el tiempo para desarrollar habilidades.

-Revisar el encaje personal: preguntarte si ese trabajo es realmente lo que quieres o te da lo que necesitas (hidrols)

Y a nivel organizacional:

-Dar autonomía

-Alinear el trabajo con un propósito claro (dejarlo claro desde el principio; contrato psicológico)

-Escuchar más al empleado

Y para cerrar, Edgar… ¿con qué reflexión nos quedamos hoy?

Pues me gustaría quedarme con una idea fundamental: No todo estrés nace del exceso; el vacío también pesa. A veces, el mayor desgaste psicológico no viene de tener mil tareas urgentes, sino de la falta de sentido. Como sociedad, nos han enseñado a temerle al "exceso de trabajo" (el famoso burnout), pero hemos ignorado el impacto silencioso de la irrelevancia. Necesitamos sentir que lo que hacemos importa, que nuestra presencia aporta un valor real y que el entorno nos reta, aunque sea de forma mínima.

Incluso en las tareas más sencillas o rutinarias, el ser humano busca una conexión con un propósito mayor. Porque al final del día, trabajar no es simplemente una transacción de tiempo por dinero o una forma de ocupar el calendario; es una de las principales formas que tenemos para desarrollarnos, para sentirnos útiles y para construir nuestra identidad profesional.