Los resineros de Cuenca alertan de que el bajo precio amenaza la continuidad de un oficio ligado al medio rural
Honorio Gallego, presidente de la Asociación de Resineros de Cuenca, asegura que apenas ocho profesionales se dedican actualmente de forma principal a esta actividad en la provincia y reclama ayudas estables que compensen también el trabajo de vigilancia y conservación que realizan en los montes.
Trabajar alrededor de 8.000 pinos y hacerlo prácticamente “de sol a sol”. Es la realidad con la que Honorio Gallego, presidente de la Asociación de Resineros de Cuenca, describe un oficio tradicional que intenta mantenerse vivo en los montes conquenses. Según ha explicado en Onda Cero Cuenca, apenas ocho profesionales van a recibir las últimas ayudas provinciales por dedicarse profesionalmente a la actividad, aunque existen otros trabajadores que utilizan la resina como complemento de otros empleos.
Cada pino puede producir en una campaña alrededor de dos kilos y medio de resina, según Gallego. La temporada comienza en marzo con la preparación de los árboles y se prolonga hasta finales de noviembre, aunque durante el invierno también es necesario preparar herramientas y materiales para el año siguiente. El problema fundamental, asegura, es la rentabilidad: “Siempre es el precio”. Desde que el sector comenzó a recuperarse en Cuenca en 2009, sostiene que únicamente recuerda una campaña realmente rentable, cuando el producto alcanzó alrededor de 1,60 euros por kilo.
A los ingresos obtenidos por la resina hay que descontar Seguridad Social, combustible, desplazamientos hasta el monte, herramientas y otros gastos. De ahí que Gallego considere necesarias ayudas públicas estables para garantizar un salario digno. La Diputación de Cuenca ha destinado 40.000 euros a su última convocatoria de ayudas para autónomos del sector, una medida que el presidente de la asociación valora positivamente, aunque considera insuficiente para solucionar el problema estructural.
Los resineros reivindican además que su actividad aporta beneficios que van mucho más allá de la producción. Su presencia diaria permite detectar rápidamente plagas, posibles incendios u otras incidencias y contribuye a mantener actividad económica en pequeños municipios. Gallego propone que este servicio ambiental y de vigilancia tenga también una compensación económica: “No que te regalen el dinero, pero sí que por esos beneficios que tú aportas, ponerles un valor económico”.
La resina recogida en los montes conquenses se entrega a una industria de la provincia para su primera transformación. A partir de ella se obtienen componentes empleados posteriormente en numerosos productos industriales y de consumo, desde pegamentos o tintas hasta otros artículos cotidianos.
Gallego defiende igualmente el potencial del oficio para fijar población en el medio rural conquense, siempre que pueda garantizar unos ingresos suficientes. “Por supuesto que puede fijar población rural”, afirma. Por ello, reclama que las administraciones reconozcan económicamente los beneficios que genera el resinero para el territorio: “Si los precios no son suficientes para que pueda sacar un salario digno, que la Administración le ayude”.