SETAS Y HONGOS

Mirador Verde reivindica el papel de los hongos como pieza clave de los ecosistemas de Cuenca

Más allá de la recogida de setas, Vicente Poyatos y el investigador Óscar García Cardo analizan la función de los hongos en el reciclaje de nutrientes, la conservación de los bosques y su relación con árboles y plantas

Onda Cero Cuenca

Cuenca |

Con la llegada de las lluvias y el inicio de la temporada micológica, Mirador Verde ha querido mirar más allá de las especies comestibles y abordar la importancia de los hongos desde el punto de vista de la biodiversidad. Vicente Poyatos y Óscar García Cardo, ingeniero de montes, doctor en Ciencias y técnico del IRIAF, recuerdan que una seta representa únicamente la parte visible de un organismo mucho más amplio que permanece mayoritariamente oculto bajo el suelo.

García Cardo explica que el verdadero hongo es el micelio, una red formada por hifas que puede observarse en determinadas condiciones bajo la hojarasca, mientras que la seta es su cuerpo fructífero, equivalente al fruto de un árbol. La diversidad es enorme: el investigador estima que en la provincia de Cuenca podrían existir entre 1.500 y 2.000 especies de macromicetos, aunque todavía no existe un catálogo completo y continúan apareciendo nuevas citas.

Su papel en los ecosistemas se divide en tres grandes funciones. Los hongos saprófitos descomponen hojas, piñas, ramas y otros restos orgánicos para devolver nutrientes al suelo; los micorrícicos establecen relaciones beneficiosas con árboles y plantas; y otros funcionan como parásitos. Especies populares como los níscalos o los boletus forman precisamente parte de esas relaciones simbióticas que resultan fundamentales para los ecosistemas forestales.

Entre las curiosidades del reino fungi aparece la Armillaria ostoyae, capaz de formar organismos que ocupan superficies de cientos de hectáreas y cuyo micelio puede presentar luminiscencia, o el Cordyceps militaris, un hongo que parasita pupas de procesionaria. García Cardo insiste, sin embargo, en que conservar la diversidad micológica depende directamente de conservar sus hábitats y sus suelos, ya que la composición de hongos cambia incluso según la edad y estructura de un bosque.

Para los aficionados que salgan al monte, el mensaje va más allá de respetar los límites de recolección: evitar remover el terreno y conservar el suelo resulta esencial porque algunos tardan miles de años en formarse y constituyen la base sobre la que se mantiene el propio ecosistema y las especies asociadas.