FÚTBOL | OPINIÓN

Pepe, 'El Romano'

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David Ojeda | Aleix Valero

Canarias |

Por Román Pérez González

Pepe, El Romano, es un personaje muy importante en ‘La casa de Bernarda Alba’ de Federico García Lorca porque, a pesar de no tener ni una sola escena, su presencia, su propia existencia ya determina muchos de los comportamientos que tienen la hijas de Bernarda entre ellas mismas, pero también con su madre, influyendo en el ambiente conservador que las hostiga y les impide salir de su propia casa. Modificando su capacidad para desarrollarse, en las relaciones entre las chicas, en sus planes de vida, en su lugar en el mundo.

Recordé este personaje al término del partido pensando en la figura de Luis Helguera, que no juega, pero que todo el partido estás acordándote de la planificación nefasta, de lo incongruente, del sinsentido con el que se ha formado la plantilla de la Unión Deportiva.

No está, pero está en todo lo que ves, hay un pase al espacio, a la izquierda -cómo no- y recuerdas que Enzo Loiodice juega su segundo partido consecutivo ahí, es bailado, cómo no, vuelves a pensar en el resto de la defensa, formada por dos centrales lentos que juegan a que no pase nada a su espalda, pero es que su espalda es un océano. Jugar así con estos jugadores, ahora mismo, es simplemente negligente. Las lesiones son muchas, eso está claro, pero la imagen ya es más que lamentable y no es solo un día nefasto.

Ya a este drama infame se une Girona y estamos solo en septiembre. Dos partidos horribles con dos rivales de empaque no son casualidad. La fórmula que se nos expone en rueda de prensa luego es absolutamente ajena a lo que vemos en el campo. Y esto y la elección de los jugadores -más minutos para Jefté, para Elías, buscarle el espacio a Manu, hacer que Miyashiro aparezca- es culpa de De la Barrera, que no está sabiendo desarrollar lo que dijo que haría, pero sobre el que hay que poner la lupa no salta al campo, no juega, no falla los goles, pero es clave en el bochorno que estamos pasando: nuestro Pepe, el Romano.

Queda una inmensidad, pero ahora mismo no cabe otra que pensar que así solo se va camino de la intrascendencia.