Redacción | Elka Dimitrova
Mallorca |
Marta, de 26 años, vive en Pollença y trabaja junto a los estudios de Onda Cero Mallorca. Hace tiempo que prácticamente ha renunciado a desplazarse habitualmente en transporte público porque, según explica, la experiencia puede resultar imprevisible y muy poco compatible con la autonomía que busca mantener en su día a día.
“Efectivamente, es una odisea”, resume. El problema que más se repite tiene nombre propio: las rampas de los autobuses que no funcionan. Marta explica que puede esperar durante minutos en una parada para descubrir, cuando llega el vehículo, que la rampa no está operativa.
“Llevas tú 15 minutos esperando para que llegue un autobús y te digan: ‘No funciona la rampa’”, relata. Y entonces aparece un problema añadido: la dependencia de otras personas. En alguna ocasión otros pasajeros se han ofrecido a ayudarla, pero Marta reconoce que la situación resulta incómoda porque nunca sabe si esa persona podrá acompañarla durante todo el trayecto o si tendrá que volver a depender de alguien más.
“Es muy incómodo depender de los demás, sobre todo de gente que no conoces”, explica.
También el transporte de Palma plantea dudas
La experiencia de Marta con los autobuses de la EMT de Palma es mucho menor porque habitualmente utiliza su coche adaptado, pero asegura que se fija en ellos cuando circulan por la ciudad. Una de las primeras cuestiones que le llama la atención es la cantidad de pasajeros que pueden llegar a transportar.
“Muchas veces me pregunto: ¿cómo me meteré ahí? ¿Cómo saldré de ahí?”, cuenta. Para mejorar el servicio, Marta apuesta por algo que también beneficiaría al conjunto de los usuarios: más frecuencias en las horas punta. Pero plantea además una cuestión específica sobre la accesibilidad y el funcionamiento de las rampas.
Su propuesta pasa por buscar sistemas alternativos para evitar que una avería deje a una persona en silla de ruedas literalmente en tierra. Recuerda que anteriormente existían rampas manuales y plantea si no podría estudiarse algún sistema híbrido que permita disponer de una alternativa cuando falle el mecanismo principal. Porque el objetivo, insiste Marta, no debería ser simplemente poder subir a un autobús: debería ser poder hacerlo sin tener que depender de que otra persona resuelva el problema.
La misma situación se reproduce en otros servicios públicos. Marta asegura que, en ocasiones, incluso le resulta más sencillo desplazarse hasta un hospital de Palma que acudir al PAC de su propio municipio. Rampas demasiado inclinadas, puertas que no se mantienen abiertas o recorridos que requieren ayuda convierten una visita médica rutinaria en una tarea que necesita planificación y acompañamiento.
A través de estas conversaciones en la radio, en el programa 'Más de uno Mallorca' de Onda Cero, Marta sigue poniendo voz a una realidad que afecta a muchas personas con movilidad reducida. “No somos nosotras las que tenemos que inventar el mundo”, reivindica. “Ya está casi todo dicho y escrito. O inventado. Si no, solamente hay que ponerlo en marcha”.