Mi invitada de hoy presume de haber recibido la alternativa de Miguel Rellán, en los pasillos del Zurbarán, cuando apareció en Compañeros. Una actriz que se forjó en el set de la serie Policías, en el corazón de la calle y que aprendió, junto a su compañera Marta Aledo, en otra ficción, Cuatro estrellas, lo que es el compañerismo. Licenciada en Derecho, ha sido camarera, profesora de inglés, azafata de congresos y la camarera de aquel restaurante mexicano, propiedad de Joaquín Sabina, cuyo abrazo recordaría siempre Pau Donés.
Desde entonces, y tras convertirse en la madre de media España, a las órdenes de Santiago Segura, con la saga de Padre no hay más que uno, Toni Acosta irrumpe en los teatros españoles, haciendo del escenario su modo de vida, mientras persigue, con la avidez de quien ha sobrevivido a Señoras del hAMPA, esa comedia macarra que le dé continuidad a ese humor más familiar.
Este sábado, y también el domingo, protagoniza, en el Teatro Filarmónica de Oviedo, Una madre de película. Un monólogo, con texto y dirección de Juan Carlos Rubio, en el que representa, con maestría de orfebre, uno de los papeles más consolidados de su carrera, dentro, y fuera de la profesión. El domingo, además, presenta su libro, Un caracol en mi armario, en la librería Matadero Uno, de Oviedo.