Cristóbal Ruitiña: "El Occidente asturiano no estaba al margen de la historia; estaba en el centro"
“Antonio Raimundo Ibáñez es casi una excusa para contar una época fascinante del Occidente asturiano”. Con esta reflexión resume el escritor y periodista Cristóbal Ruitiña el espíritu de El asesino de Sargadelos, una novela que utiliza el misterio que rodea la muerte del marqués de Sargadelos para adentrarse en uno de los periodos de mayor dinamismo económico, industrial e intelectual de la comarca.
Aunque la obra parte de un personaje histórico ampliamente conocido, Ruitiña deja claro que su interés iba mucho más allá de reconstruir los últimos días de Antonio Raimundo Ibáñez. El autor quería regresar al universo literario iniciado en El Batallón Galicia y, al mismo tiempo, explorar una realidad histórica que considera insuficientemente conocida. “Antonio Raimundo Ibáñez tenía más enemigos de los que podríamos pensar y eso me daba juego para investigar una época muy rica en toda la zona comprendida entre el Eo y el Navia”, explica.
La novela se construye sobre una investigación contemporánea que permite al lector distinguir entre los hechos históricamente documentados y las hipótesis planteadas por la ficción. Un planteamiento que, según el escritor, busca ser riguroso sin renunciar a la intriga narrativa. “Intento que el lector sepa en todo momento qué está documentado por la historia y qué son hipótesis o interpretaciones del narrador”, señala.
Más allá del misterio que envuelve la muerte del marqués de Sargadelos, Ruitiña destaca que la obra pretende recuperar la memoria de un territorio que a finales del siglo XVIII ocupó una posición mucho más relevante de lo que suele creerse. “A veces pensamos que la Ilustración pasó lejos de aquí, pero pasó justamente por esta comarca”, afirma.
En la novela adquieren protagonismo concejos como Santa Eulalia de Oscos, Grandas de Salime o el conjunto del territorio occidental, donde el autor sitúa buena parte de la acción y de la investigación histórica. De hecho, una de las ideas que atraviesa la obra es la necesidad de reivindicar la importancia que tuvieron estas tierras en el contexto económico y cultural de la época. “El Occidente asturiano era entonces una de las zonas más industrializadas y con mayor dinamismo económico de Asturias”, recuerda.
Otro de los rasgos distintivos de la novela es su redacción en eonaviego, una decisión que Cristóbal Ruitiña asume como una apuesta cultural y literaria. “Quiero demostrar que el eonaviego sirve para todo y que también se pueden escribir novelas en esta lengua”, explica.
El autor reconoce que supone un desafío mantener la riqueza y autenticidad del habla local sin dejarse influir por el castellano, el gallego o el propio asturiano, pero considera que el esfuerzo merece la pena. Su objetivo, asegura, es que el lector se deje llevar por la historia hasta olvidar incluso en qué lengua está escrita.
Para Ruitiña, el principal reto no era escribir una obra histórica al uso, sino conseguir que el lector reflexione sobre el territorio y sobre su pasado. “Me gustaría que quien lea la novela vea esta comarca de otra manera y entienda que no fue un lugar aislado, sino un territorio situado en el centro de muchos acontecimientos históricos”, afirma.
El autor confía además en que la obra sirva para despertar la curiosidad sobre figuras como Antonio Raimundo Ibáñez, cuya relevancia histórica considera aún insuficientemente conocida. “Jovellanos es muy conocido; sin embargo, creo que el marqués de Sargadelos sigue siendo en gran medida un gran desconocido”, sostiene.
La presentación de El asesino de Sargadelos tendrá lugar este jueves en la Casa Natal del Marqués de Sargadelos, en Santa Eulalia de Oscos, un escenario que el propio escritor considera el más adecuado para una obra que convierte al Occidente asturiano en uno de sus grandes protagonistas. El evento contará con la participación de la periodista Ángela Lanza y permitirá profundizar en una obra que combina literatura, investigación histórica y reivindicación de la memoria cultural de la comarca.