Cuando estamos perdiendo el control se nota. Tiene una traducción física que hace que nos sintamos mal. A partir de ahí podemos hacer dos cosas:
La opción 1 es una buena idea, porque si bien no podemos controlar tener una emoción, sí podemos controla la consecuencia. Un pensamiento tóxico nos puede "atacar" sin que nosotros podamos evitarlo. Pero de nosotros dependerá alejar ese pensamiento tantas veces venga. No hacerle caso o anteponer otro pensamiento positivo. O tirar de memoria para recordar el proceso, lo que nos pasa y por qué. Si elegimos la opción 2 nos convertimos en unos analfabetos emocionales, nos explica Isabel.
Una vez que estamos perdiendo el control, la psicóloga de familia nos ofrece algunas pautas que pueden ayudarnos.
POE. Paro, observo, elijo. Darnos tiempo para aceptar la emoción y pensar cómo actuar.
Respiración. Viene muy bien la técnica conocida como 4/6. Inspirar durante 4 segundos y expirar el aire durante 6. Repetir 5 veces.
Atención plena o mindfulness. Centrar nuestra atención en una cuestión. Centrarnos en la respiración o en el movimiento de nuestros músculos. La mente en blanco es muy difícil o imposible de dejar, pero dirigir el pensamiento no tanto.
Ser fuerte mentalmente y combinarlo con fuerza de voluntad nos ayudará a controlarnos y calmarnos.