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Julieta Paris: hay ausencias bellas como las que abren espacio a los sentimientos

El adiós de un ser querido es, quizá, una de las mayores pérdidas que podemos experimentar, pero no es la única. Son muchas otras “ausencias” a las que el ser humano ha de enfrentarse y no siempre se sabe cómo hacerlo. La psicóloga y antropóloga Julieta París ha querido guiarnos a la aceptación de esos sentimientos y lo hace con “La belleza de la ausencia. Asumir lo que no es”.

Lourdes Funes

Zaragoza |

La psicóloga y antropóloga Julieta París/Lourdes Funes

Si le preguntan cuál es la mayor ausencia que se puede tener, seguro que les viene a la cabeza la de un ser querido, pero hay muchas más. La psicóloga y antropóloga Julieta París ha querido tirar del hilo en su libro “La belleza de la ausencia. Asumir lo que no es” y habla de “personas que se echan de menos a sí mismas, de quienes echan en falta una vida diferente a la que tienen, ausencia del amor, de la seguridad vital, etc. Hay muchas pequeñas ausencias”.

Para Paris, la ausencia puede ser una oportunidad de avanzar porque todas tienen una semilla de crecimiento posterior. De cada momento o de cada ausencia pueden surgir diferentes instantes y “darnos cuenta de aquello que sentimos que nos falta”, añade la autora, quien refuerza la idea de que no es malo rendirse, “tenemos que aprender a ver la necesidad de rendirnos como una victoria y no como una derrota”.

A pesar de que el título es “la belleza de la ausencia”, Julieta Paris cuenta cómo no todas las ausencias son bellas. Con el tiempo, la ausencia provocada por la muerte puede superarse con el amor que tapa el dolor. “Las ausencias bellas son las que abren espacio a los sentimientos y a la reflexión”.

En el aprendizaje por el que nos guía la psicóloga nos lleva a que aprendamos a “ser conscientes de que hay caminos que nos están desviando y es importante hacer una pausa para tomar conciencia de todos esos aspectos que nos faltan”.

«Vive, porque tú puedes. Vive por los que no pueden, incluso por los que no saben. Vive por los que se fueron antes de tiempo. Vive porque estar aquí es una maravillosa improbabilidad. Vive por los que te aman. Vive por ti, porque tú también te amas. Vive para cuando no vivas. Vivir es un imperativo. Vivid».