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Inmanencia, la reflexión de un futuro distópico al que podemos evitar llegar

“Inmanencia” es la primera novela del escritor y analista aragonés Víctor Lapuente, en la que habla de cómo la tecnología está invadiendo las vidas de los ciudadanos, creándoles angustia y dependencia. Una reflexión de lo que puede suceder y a los que se puede poner límites.

Lourdes Funes

Zaragoza |

El escritor y analista Víctor Lapuente/Lourdes Funes

La novela Inmanencia se ubica en Chalamera, en pleno desierto de Los Monegros, en el Bajo Cinca. Una historia que nos va a llevar a viajar por los misterios del pasado, tan fascinantes como los que encierra el Santo Grial y por los del futuro que todavía nos generan tanta incertidumbre como la Inteligencia Artificial. Estos dos mundos en los que navegamos con la mirada permanente en el presente en el que vivimos.

Una novela en la que, a pesar de ser ficción, está muy ligada a la realidad y a la actualidad. Una reflexión que su autor, Víctor Lapuente, ha querido hacer sobre cómo la tecnología está invadiendo nuestras vidas. “Cuando hablamos de futuros distópicos sobre pesadillas que pueden llegar en un futuro, realmente escribimos de las pesadillas que ya estamos viviendo”, explica Lapuente quien hace referencia a las adicciones a la tecnología, a la epidemia del individualismo o a la caída de las viejas ideologías. Situaciones que nos llevan a “romper con todo lo que nos unía y nos hace sentirnos más solos y más angustiados”.

Lapuente asegura que pretende ser un profeta, poner de manifiesto lo que hay y lo que podría llegar a convertirse. En “Inmanencia”, FRIDA es una Inteligencia Artificial en 2086, algo que podría ser realidad ya que el autor aragonés explica que cuando comenzó a escribir la novela todavía no estaba desarrollada la IA y que él imaginaba un algoritmo que era capaz de coordinar a todos sin necesidad de que hubiera un gobierno o un jefe en una empresa. Al terminar, alguien le comentó que un país, habían nombrado ministro a un chat de IA.

Aun así, Víctor Lapuente indica que el problema no son las redes sociales ni la tecnología sino nosotros, de cómo las utilizamos para “deconstruir las instituciones que nos hemos dado a lo largo de la historia, minar la confianza de los gobiernos y ser críticos con ellos”. Lapuente aboga por confiar en las instituciones históricas porque seguro que algo positivo han aportado a lo largo de la historia.