Zaragoza |
Katmandú ha sido asolada por los terremotos en numerosas ocasiones, el terremoto de 2015 fue devastador, le sucedió otro en 2023, de menor intensidad, pero de graves consecuencias al estar todavía recuperándose del primero. Aún así, los nepalíes continúan hacia adelante siempre salvaguardando sus tradiciones como la de la “niña diosa” o Kumari. Su templo quedó intacto tras ambos terremotos. Precisamente Luis Tobajas abre su Desafío Viajero a esta tradición en la que una niña es diosa hasta que se convierte en mujer con la primera menstruación.
Luis Tobajas explica que la Kumari es la reencarnación de la diosa Talehu, venerada tanto por hinduistas como budistas. Desde hace más de 700 años se entiende que se reencarna cíclicamente en una niña de entre dos y cuatro años. Se busca a una “niña que tenga una perfección física total, que tenga una cara redondeada y suave, que tenga una carta astral muy concreta, donde los astros se hayan alineado en determinadas circunstancias justo en el momento de su nacimiento”, explica Tobajas quien añade que la niña se ve sometida a unas pruebas pasar una noche en absoluta oscuridad en una sala rodeada de cabezas de carneros y de búfalos recién decapitadas y si no llora efectivamente va a ser considerada como la Kumari.
Vive en un templo, el Kumari Gar, y prácticamente no sale de él. En determinadas horas durante el día se asoma un poco por la ventana, un minuto al día, para bendecir a quienes se encuentran en el patrio y saludar a los viajeros. No puede hablar con extraños, no puede ser tocada y solo puede pisar el suelo de su palacio. Y solo sale de su hogar 13 días al año, lo hace en carroza y es muy ceremonioso, la llevan en parihuelas y no puede tocar el suelo hasta que deje de ser Kumari, porque es un suelo impuro.
Cuando sale, como cuenta Luis Tobajas, la Kumari se muestra totalmente inexpresiva, lleva un vestido rojo, totalmente maquillada, los ojos muy negros, distintas franjas amarillas y rojas a lo largo de su rostro. La gente la adora, por lo que muchas niñas, cuando dejan de ser Kumari sufren mucho. Crecen sin saber hacer nada de las cosas que aprenden cuando son niñas, desde cocinar hasta limpiar o incluso relacionarse con otras personas de su edad.