La Policía Nacional desarticula en Málaga la matriz que promovió el expolio millonario a un grupo empresarial declarado en quiebra
La macrooperación arroja una decena de nuevos arrestos y amplia el saqueo de los 100 millones iniciales hasta los 160 en bienes pertenecientes a la masa activa de las empresas concursadas
La Policía Nacional ha desarticulado en la provincia de Málaga la matriz de una compleja trama criminal a la que se atribuye el expolio millonario a la masa activa de un potente conglomerado empresarial del sector de la construcción declarado en concurso de acreedores. Se trata de la segunda fase de la operación ‘DRAVE’, cuyos resultados de la primera fase ya se dieron a conocer por la Comisaría Provincial, y que arroja, en esta ocasión, una decena de nuevos arrestos y amplia el saqueo de 100 millones iniciales hasta los 160 en bienes pertenecientes a la masa activa de las empresas concursadas. Entre los ahora arrestados hay varias personas allegadas a los fundadores de las concursadas, las cuales, a través de una
red de testaferros y sociedades interpuestas, habrían promovido con actos previos y paralelos al concurso un cúmulo de operaciones fraudulentas de vaciado patrimonial y desvío de fondos, tendentes a obtener un ingente beneficio económico en detrimento del patrimonio afectado. El despojo ha provocado un grave quebranto económico de las compañías acreedoras, incluida la Hacienda Pública, que han visto frustradas sus legítimas expectativas de cobro. Cabe recordar que en una primera fase de la investigación ya fueron detenidas otras siete personas, incluidos el ex director financiero del grupo empresarial y el administrador concursal designado por un Juzgado de lo Mercantil, y resultaron investigadas otras cuatro por su vinculación en los hechos.
La operación DRAVE II ha conllevado ahora una decena de detenidos por presunta implicación en delitos de frustración de la ejecución -acción ilegal en la que un deudor oculta, vende o gasta sus bienes a propósito para evitar pagar una deuda o cumplir una sentencia judicial-, insolvencia punible y apropiación indebida. Además hay otras dos personas que han resultado investigadas en esta segunda fase, incluidos el administrador concursal -este fue detenido en la primera fase- y un auxiliar delegado de la administración de una de las dos compañías concursadas, ambos inmersos en diligencias policiales en sendas etapas.
En el marco de la macrooperación se han efectuado dos nuevos registros en la provincia a finales del pasado mes de julio, incautándose joyas valoradas en más de 200.000 euros. Además, se han bloqueado ahora activos financieros en nueve entidades bancarias por valor de un millón de euros y se ha decretado el embargo preventivo de 135 inmuebles valorados en más de 300 millones de euros, incluidos terrenos de muy alto valor económico, locales comerciales, garajes y viviendas.
La investigación, realizada por agentes adscritos al Grupo II de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción de la Comisaría Provincial de Málaga, con el auxilio de la Delegación Central de Grandes Contribuyentes de Hacienda, y en el ámbito de diligencias previas instruidas por la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia, Plaza número 3 de Málaga, comenzó en el año 2023 contra la red investigada, a partir de una denuncia interpuesta ante la autoridad judicial.
El embrión del expolio
Las nuevas actuaciones de la operación DRAVE II han permitido deslindar un entramado delictivo distinto y autónomo que operó de forma paralela y que se habría valido de la alianza estratégica con la administración concursal como vehículo necesario para obtener activos de gran valor del patrimonio de las mercantiles concursadas, todo ello en beneficio de los impulsores de la trama, unidos por lazos familiares con los fundadores del grupo empresarial. Esta colaboración ilícita habría permitido el control y la manipulación de los activos desde dentro de los procedimientos concursales, sentando las bases de una operativa de vaciamiento patrimonial ilícito.
La investigación puso de manifiesto un plan delictivo ejecutado de manera sistemática en dos etapas temporales. En una fase previa al concurso, se acreditaron operaciones de vaciamiento patrimonial por un valor superior a los 28 millones de euros. Entre las acciones ilegítimas detectadas destacaban la simulación de contratos de prestación de servicios, treta utilizada para eludir embargos inminentes de la Hacienda Pública-; transferencias de capitales con destino a empresas de los investigados; y la venta fraudulenta de activos inmobiliarios en fechas inmediatamente anteriores a la solicitud concursal, en beneficio de los sospechosos, quienes aprovechaban ilícitamente las ganancias recibidas por las concursadas para pagar sus propias deudas personales.
Posteriormente, en el marco de la fase de liquidación concursal, se constató la continuidad de la actividad delictiva desplegada por el entramado criminal, mediante la ejecución de continuas operaciones de descapitalización cuyo perjuicio económico se estimó en más 30 millones de euros adicionales. Para la consecución de dicho fin, los investigados articularon un procedimiento basado en la adquisición de inmuebles y carteras de créditos a través de la adulteración sistemática de subastas públicas, así como mediante la realización de ventas directas carentes de los preceptivos requisitos de publicidad y formalizadas con cláusulas de reversión manipuladas.
En este sentido, la utilización de subastas públicas adulteradas y la firma de ventas directas sin publicidad y con cláusulas de reversión, en favor de allegados de los fundadores, conllevaron que bienes de gran valor de las concursadas pasaran al patrimonio privado de los mismos deudores, a precios ínfimos y libres de cargas. Esto privó a la masa del concurso de los ingresos que se habrían obtenido en un proceso de liquidación transparente a precio de mercado, recursos que tendrían que haberse destinado al pago priorizado de los acreedores y la Hacienda Pública.
Según la investigación, tales operaciones delictivas fueron realizadas con la imprescindible connivencia de las administraciones concursales, cuyos integrantes ocultaron la descapitalización preconcursal, avalaron las operaciones propuestas por los investigados en perjuicio de las masas concursadas, participaron en la planificación de estas transacciones contrarias a los intereses de los concursos, obstruyeron la adquisición de estos derechos de cobro por terceros interesados minorando el dinero recuperado durante la liquidación de estos activos, y suprimieron información de sus informes con objeto de ocultar las transmisiones fraudulentas, impidiendo el control de los acreedores perjudicados y evitando alegaciones que expusieran las conductas ilícitas desarrolladas.
Para perpetrar las operativas fraudulentas, la organización habría contado con una red de testaferros y sociedades interpuestas con funciones específicas, al fin de incrementar y conservar ilícitamente el patrimonio en beneficio de los investigados.
En el cómputo global del entramado criminal desarticulado, sumando las dos fases, la expoliación a las concursadas asciende a los 160 millones de euros en bienes de la masa activa. Un saqueo que es incluso mayor a la deuda impagada a los acreedores, que está estipulada en torno a los 150 millones. De las diligencias practicadas se desprende que los procedimientos concursales no constituyeron un mecanismo genuino de insolvencia para la protección de la masa activa o el resarcimiento ordenado de sus deudas. Por el contrario, dichos procesos fueron instrumentalizados como un mero subterfugio legal coordinado desde el interior con la connivencia de la administración concursal.