‘GlowBark’, como así se llama, además de iluminar, refleja la riqueza orgánica de nuestro planeta a través de su constante movimiento, sin embargo, cuando detecta presencia humana cerca, su movilidad comienza a detenerse, simbolizando la destrucción y el deterioro de nuestro entorno, tal como ocurre en la tierra. Construida a base de filamentos de PLA, un polímero formado a través de recursos naturales como el maíz, la yuca y la caña de azúcar, y por tanto, biodegradable, así como con tela de lino que ayuda a difuminar la luz, este proyecto empezó a fraguarse en la mente de Pablo al tener que realizar un trabajo relacionado con el arte digital para una asignatura del Grado en ‘Diseño Digital’ que cursa actualmente en el centro universitario U-tad (Madrid). Tras cuatro meses de arduo trabajo (conceptualización, boceto, modelado, producción y programación del sistema para que Glowbark fuese interactiva), más de 600 horas de impresión en 3D y una altura de 2,40 metros, la obra es ahora una realidad y se encuentra expuesta en las dependencias de la universidad.