MEMORIA Y TERRORISMO

ETA y sus víctimas en Granada: quince años del fin de la violencia que marcó a toda una provincia

Granada recuerda el impacto de ETA quince años después de que la organización terrorista anunciara el cese definitivo de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011.

Redacción

Granada |

Tres víctimas mortales fueron asesinadas por la banda en la provincia: Conrada Muñoz Herrera, Domingo Puente Marín y Luis Portero. A ellas se suman otros granadinos asesinados en distintos puntos de España y una larga historia de amenazas, atentados y miedo que también alcanzó a la Alhambra y al Ayuntamiento de la capital.

El anuncio que puso fin a décadas de violencia terrorista tuvo una dimensión especial en Granada. Aquel 20 de octubre de 2011, la noticia se conoció en directo en la radio, durante una edición extraordinaria de La Brújula, de Onda Cero, que se emitía desde la ciudad con Carlos Alsina al frente. Quince años después, aquella jornada sirve para recordar a las víctimas granadinas de ETA y reconstruir el impacto que la organización tuvo en la provincia.

Las víctimas de ETA en Granada: tres asesinatos que dejaron huella

Conrada Muñoz Herrera, Domingo Puente Marín y Luis Portero son los tres nombres que representan a las víctimas mortales de ETA asesinadas en Granada. Sus historias forman parte de la memoria de una provincia que tampoco quedó al margen de la amenaza terrorista, pese a encontrarse lejos de los principales escenarios de actuación de la banda.

Pero la huella de ETA en Granada no se limita a estos tres asesinatos. Otros granadinos fueron víctimas de la organización en distintos puntos de España, como Arturo López Hernández, natural de La Zubia y guardia civil en Gipuzkoa; José Ángel Requena Duarte, de Pinos Puente, asesinado en Leganés; y Miguel Ángel de la Higuera y Rafael Leiva Loro.

Sus nombres recuerdan que el terrorismo no solo golpeó a quienes vivían en los lugares donde se producían los atentados. También arrebató la vida a granadinos que desarrollaban su trabajo o su vida cotidiana lejos de su tierra.

La bomba de la Alhambra: el atentado de ETA que obligó a desalojar el monumento

Uno de los episodios más impactantes vividos en Granada se produjo el 10 de julio de 1996, cuando ETA hizo estallar una bomba junto a las taquillas de la Alhambra. Fue el tercer atentado registrado en la provincia en apenas 24 horas, después de los ataques contra un parque acuático y una estación de autobuses.

La explosión dañó un muro de piedra, aunque no causó heridos. Sin embargo, la amenaza obligó a desalojar el conjunto monumental y retrasó durante horas la entrada de alrededor de 2.000 visitantes. El ataque convirtió uno de los principales símbolos patrimoniales de Granada en escenario de una jornada de alarma e incertidumbre.

Las amenazas y las falsas alarmas extendieron la inquietud por toda la provincia. Frente a la violencia, partidos políticos y sindicatos convocaron movilizaciones de rechazo, en una muestra de condena social al terrorismo.

Gabriel Díaz Berbel, objetivo de ETA en Granada

La amenaza terrorista también alcanzó a las instituciones granadinas. Gabriel Díaz Berbel, alcalde de Granada en aquella época, fue objetivo de ETA, que intentó colocar un coche bomba al paso de su vehículo oficial.

El episodio refleja hasta qué punto la organización trató de extender su amenaza más allá de los territorios en los que su actividad era más frecuente. Granada vivió así atentados, intentos de asesinato y amenazas que mantuvieron a la población pendiente de una violencia que podía aparecer en cualquier momento.

El 20 de octubre de 2011: el anuncio que puso fin a la actividad armada de ETA

Quince años después, el 20 de octubre de 2011 continúa siendo una fecha clave en la historia reciente de España. Aquel día, ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada, una decisión que abrió una nueva etapa tras décadas de asesinatos, secuestros, extorsión y amenazas.

Las primeras reacciones se escucharon en directo en La Brújula de Onda Cero, que realizaba un programa especial desde Granada. Carlos Alsina y su equipo se habían desplazado hasta la ciudad para seguir una noticia que marcaba un antes y un después en la historia del país.

La radio se convirtió en testigo inmediato de un anuncio largamente esperado por las víctimas, sus familias y la sociedad española. La noticia no borraba el dolor ni devolvía la vida a quienes fueron asesinados, pero abría la puerta a una etapa sin la amenaza de nuevos atentados de la organización.