Entrevista en Más de Uno

Por qué los ayuntamientos necesitan ordenanzas contra el ruido: el reto acústico en la Bahía de Cádiz

La doctora por la Universidad de Cádiz y profesional de la acústica Tamara Jiménez explica la importancia de regular la contaminación acústica, distinguir entre mapas de ruido y mapas de ocio, y dotar a los municipios de herramientas reales para actuar

Jaime Álvarez

Cádiz |

El Ayuntamiento de Puerto Real ha abierto el periodo de consulta para la elaboración de su futura Ordenanza Municipal de Protección contra la Contaminación Acústica. El documento pretende regular la prevención, vigilancia, control y disciplina frente al ruido y las vibraciones, con un objetivo central: proteger la salud, el descanso y la convivencia ciudadana.

La iniciativa llega en un momento en el que cada vez más municipios de la Bahía de Cádiz y de la provincia están abordando el impacto del ruido en la vida diaria. Zonas de ocio, espacios turísticos, áreas de restauración, fiestas, carpas, calles con alta concentración de actividad o entornos residenciales tensionados conviven con una realidad cada vez más evidente: el ruido no es solo una molestia, sino una forma de contaminación con efectos directos sobre la calidad de vida.

Así lo ha explicado en Onda Cero Tamara Jiménez Pérez, doctora por la Universidad de Cádiz y profesional de la acústica, que subraya que una ordenanza municipal contra el ruido no es un simple documento administrativo, sino una herramienta de planificación urbana. “Una ordenanza es un reglamento propio del Ayuntamiento y lo que trata es de cuidar el ambiente sonoro del municipio”, señala.

Prevenir, vigilar y corregir

La importancia de este tipo de normas reside en que permiten a los ayuntamientos prevenir, vigilar, corregir y, en su caso, sancionar los excesos de ruido. Aunque existen normativas de ámbito estatal y autonómico, son los municipios quienes conocen con más detalle las características de su territorio, sus zonas conflictivas, sus horarios, sus usos urbanos y los problemas concretos que afectan a los vecinos.

Sin una ordenanza propia, un Ayuntamiento puede encontrarse ante situaciones problemáticas sin contar con instrumentos suficientemente precisos para actuar. La normativa general establece grandes objetivos, pero la ordenanza local permite aterrizar esas reglas a la realidad cotidiana de cada ciudad: qué se considera exceso, en qué horarios, cómo se tramitan las quejas, qué áreas requieren especial vigilancia o qué medidas puede adoptar la administración.

En la práctica, una ordenanza acústica aporta seguridad jurídica tanto a los vecinos como a las actividades económicas. Para la ciudadanía, supone saber a quién dirigirse y qué recorrido puede tener una queja por ruido. Para los negocios, ofrece un marco claro sobre sus obligaciones y los límites que deben cumplir. Para el Ayuntamiento, implica disponer de un cauce reglado para inspeccionar, medir, corregir o sancionar.

Los ayuntamientos necesitan capacidad técnica

Ahora bien, Tamara Jiménez advierte de una cuestión clave: aprobar una ordenanza no basta si después no existen medios para aplicarla. Los ayuntamientos necesitan capacidad técnica, coordinación interna, personal formado y recursos de medición. “La ordenanza es seguridad jurídica para todos y capacidad real para actuar, pero necesita los medios necesarios”, resume.

Esa es precisamente una de las grandes dificultades a las que se enfrentan muchas administraciones locales. Los vecinos reclaman soluciones ante situaciones de ruido persistente, pero la administración debe contar con procedimientos claros y herramientas suficientes para medir el problema, acreditar el exceso y actuar con garantías. Sin esos medios, la norma puede quedar lejos de su eficacia real.

La contaminación acústica tiene además una particularidad: no se ve. No deja una imagen tan evidente como otros problemas ambientales, pero sus efectos existen. El ruido puede alterar el descanso, afectar al bienestar, generar conflictos de convivencia y tener consecuencias sobre la salud. Por eso, cada vez más municipios incorporan la acústica como una variable más dentro del planeamiento urbano.

En este punto entran en juego los mapas de ruido, una herramienta que permite obtener una radiografía acústica de una ciudad. Sin embargo, Jiménez recuerda que no todos los mapas miden lo mismo. El mapa de ruido regulado por la normativa se centra en fuentes como el tráfico viario, ferroviario, industrial o aeroportuario. Es decir, no siempre refleja la problemática derivada del ocio, la hostelería o la actividad nocturna.

Los nuevos mapas del ocio

Esta distinción es especialmente importante en municipios turísticos o con zonas de alta concentración de bares, restaurantes, fiestas o actividades en la vía pública. En esos casos, el mapa de ruido tradicional puede no recoger la realidad que más afecta a determinados vecinos. Para eso existen otras herramientas que ya están empezando a utilizar algunos ayuntamientos: los llamados mapas de ocio.

Los mapas de ocio permiten estudiar el impacto acústico de zonas saturadas por actividad comercial, hostelera o nocturna. Aunque no siempre son obligatorios, pueden convertirse en un instrumento muy útil para ordenar la convivencia entre actividad económica y descanso vecinal. En municipios como Cádiz, San Fernando, Conil, Puerto Real o cualquier localidad con áreas de alta actividad, esta herramienta puede ayudar a tomar decisiones más ajustadas a la realidad.

La clave, por tanto, no está solo en prohibir o sancionar, sino en planificar. Una buena política acústica debe servir para anticiparse a los conflictos, ordenar usos, establecer horarios, fijar límites, adaptar actividades y proteger tanto el dinamismo urbano como el derecho al descanso. El objetivo no es apagar la ciudad, sino hacerla habitable.

En el caso de Puerto Real, la apertura del periodo de consulta supone un primer paso para construir una norma adaptada a sus necesidades. El proceso permitirá recoger aportaciones antes de la elaboración definitiva de la ordenanza y abrir un debate sobre cómo debe gestionarse el ruido en el municipio.

Los retos comunes

La cuestión va más allá de Puerto Real. La Bahía de Cádiz comparte retos comunes en materia de ruido: zonas de ocio, fiestas populares, eventos, tráfico, turismo, concentración de terrazas, calles estrechas, actividad portuaria o industrial y barrios residenciales expuestos a distintos focos sonoros. Por eso, la gestión acústica se ha convertido en una parte cada vez más importante de la planificación urbana.

Una ordenanza bien diseñada puede marcar la diferencia entre la sensación de desamparo de un vecino y la existencia de un cauce real para actuar. También puede ofrecer mayor claridad a los establecimientos y permitir que la administración local intervenga con criterios objetivos. En definitiva, regular el ruido es también regular la convivencia.

La futura ordenanza de Puerto Real abre así una conversación necesaria: cómo proteger el descanso sin frenar la vida de la ciudad, cómo compatibilizar ocio y salud, y cómo dotar a los ayuntamientos de instrumentos útiles para responder a un problema que cada vez ocupa más espacio en el debate público local.