Puerto Real permite que perros y gatos se despidan de sus dueños fallecidos: así funciona el protocolo HARU
Puerto Real ha puesto en marcha, junto a Cemabasa, un protocolo pionero que permite a perros y gatos acceder al cementerio y al tanatorio, de forma controlada y bajo supervisión, para despedirse de la persona con la que mantenían un vínculo especial.
Puerto Real |
La muerte de una persona también puede suponer un proceso de duelo para sus animales de compañía. Con esa idea nace en Puerto Real el protocolo HARU, una iniciativa que permite que perros y gatos puedan acudir al cementerio o al espacio funerario para despedirse de su persona de referencia.
La medida, desarrollada por el Ayuntamiento de Puerto Real y Cemabasa, contempla que estas visitas se realicen de manera controlada, con supervisión y en un espacio preparado específicamente para ello.
HARU, el gato que inspiró el protocolo
Detrás del nombre de HARU hay una historia personal. Virginia Mena, delegada de Bienestar Animal de Puerto Real, rescató a un gato de una colonia de la localidad. El animal esperaba habitualmente en la puerta de su casa cuando ella regresaba del trabajo.
Ese vínculo le llevó a plantearse qué ocurriría con HARU si algún día ella fallecía. Mena explica que le preocupaba que el animal pudiera interpretar su ausencia como un nuevo abandono. De esa reflexión nació la idea de permitir que los animales puedan comprender qué ha ocurrido y tener también la posibilidad de despedirse.
Un espacio específico para que las mascotas puedan despedirse
El protocolo HARU contempla que los animales puedan acceder a las instalaciones funerarias en unas condiciones determinadas y siempre bajo control. Cemabasa ha habilitado un espacio privado para facilitar estas despedidas, de manera que la familia pueda estar junto al animal en un momento especialmente delicado. La iniciativa parte de la consideración de que los animales mantienen vínculos afectivos con las personas y que su reacción ante una pérdida puede formar parte también del proceso de duelo familiar.
Virginia Mena defiende que los animales son capaces de percibir la ausencia y comprender, de alguna manera, que algo ha ocurrido. Las reacciones pueden ser diferentes. Algunos perros pueden llorar o mostrar cambios de comportamiento, mientras que los gatos pueden esconderse o permanecer inmóviles. En este sentido, el olor y el contacto con la persona fallecida pueden ayudar al animal a entender que no se trata simplemente de una ausencia temporal.
La posibilidad de realizar una despedida pretende evitar precisamente que el animal permanezca esperando indefinidamente el regreso de alguien que ya no va a volver.
Las mascotas también forman parte del duelo familiar
Desde Puerto Real destacan que cada vez son más las personas que consideran a sus animales de compañía como un miembro más de la familia. Mena insiste en que la iniciativa no pretende "humanizar" a los animales, sino reconocer el vínculo que existe entre ellos y sus familias y tener en cuenta sus necesidades emocionales. Algunas familias que ya conocen el protocolo han llegado incluso a incluir en sus testamentos instrucciones para que, llegado el momento, sus animales puedan acudir a despedirse de ellas.
La responsable municipal de Bienestar Animal considera que la experiencia puede trasladarse a otras localidades. Para ello es necesario establecer una coordinación entre los ayuntamientos, las empresas funerarias y los responsables de cementerios. Según explica, el protocolo HARU no ha generado incidentes y permite, además, cumplir en determinados casos con la última voluntad de una persona respecto a sus animales de compañía. La intención es que esta fórmula pueda extenderse y que cada vez más familias tengan la posibilidad de incluir a sus mascotas en uno de los momentos más difíciles: el último adiós.