Un heroico Djokovic se impone a Sinner en cinco sets y jugará la final ante Alcaraz
El serbio se ha impuesto en un igualadísimo encuentro 3-6 6-3 4-6 6-4 y 6-4 al italiano.
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Novak Djokovic firmó una de esas victorias que se explican más por la cabeza que por las piernas. A sus 38 años, en plena madrugada de Melbourne y con el termómetro rondando los 20 grados, levantó un partido que se le ponía cuesta arriba a cada rato ante un Jannik Sinner desatado con el saque (llegó a 26 aces) y lo cerró en cinco sets: 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4.
El italiano salió como un tiro. En un instante se puso 0-3 con un break tempranero y sostuvo la ventaja con autoridad hasta adjudicarse el primer set en 38 minutos. Djokovic, incómodo, se dejó ver muy fallón de derecha en ese arranque, mientras Sinner marcaba el ritmo con primeros ganadores y puntos cortos.
Pero el serbio hizo lo que mejor sabe: aguantar el chaparrón, ajustar un par de detalles y esperar su momento. En el segundo set empezó a restar más profundo, encontró un break y abrió hueco. Sinner siguió sumando saques directos, sí, pero Djokovic ya estaba en modo supervivencia, sosteniendo sus turnos con oficio y apretando justo cuando el partido pedía nervio. El parcial cayó del lado de Nole (6-3) y la semifinal se convirtió en un pulso largo, físico y mental.
El tercero fue otra vez de Sinner (6-4). Djokovic dio señales de desgaste, incluso con un parón para irse a vestuarios antes de la tercera manga y con gestos de molestias (“algo de flato”, dejó caer el relato del partido). Aun así, cada vez que el italiano olía sangre, el serbio encontraba un recurso: un saque a la T, una derecha valiente, un resto a los pies.
Ahí apareció el cuarto set, clave. Djokovic salió agresivo desde la primera bola, consiguió un break temprano para abrir la manga y, a partir de ahí, se agarró a la pista con uñas y dientes hasta forzar el quinto (6-4). Sinner empujaba con el saque, pero el serbio ya había convertido el partido en una prueba de resistencia.
Y el quinto fue directamente una pelea de nervios. Sinner empezó mandando (1-0) y tuvo una colección interminable de opciones al resto: acumuló ocho bolas de break solo en ese set (16 en todo el partido) y las fue dejando escapar entre restos a la red, reveses al pasillo y algún punto en el que Djokovic sacó el manual del escapista. Cada juego del serbio era una trinchera.
El giro llegó con 3-3. Djokovic resistió un juego durísimo y, en la primera rendija, mordió: break para ponerse 4-3. A partir de ahí, ya no soltó el volante. Consolidó con un turno de saque cerrado a base de servicios ganadores, se subió al 5-3 y terminó rematando el partido con el mismo guion: saque, valentía y sangre fría para firmar el 6-4 definitivo y sellar el pase a la final en su tercera bola de partido.